Carlos Contramaestre, iniciado necrólogo, creyó;
Ramón Palomares, montuno pajarito de niebla, creyó;
Hugo el Vikingo, con agua delgada en los ojos, creyó;
la ecuación ecuánime del profesor Chela, creyó;
asoleado de asombro el poeta Álvarez creyó;
Douglas con gestualidad de libélula, creyó,
Fruto Vivas, preguntándole de eso, creyó;
Paco Hung, golpe de aire en la tela, creyó;
El Chaparro chaparrito inmolado, creyó,
Emiro Lobo en una lobada de lobo, uuuuuuuu, creyó,
Marvella ojos de miel, creyó,
Luis Alberto a caballo entre Carora y Paris; creyó,
Pablo Antillano, con Sergio y Laura sentado, creyó;
César Chirino, entremezclado y lacustre; creyó;
el catire Hernández que era entonces la promesa, creyó,
Pepe, hermosura de alcohol, creyó;
me dicen incluso que el stalinismo del Chino Valera
no le impidió decir: ahora sí, se acabó esto, coño,
llegó el que era, el que soy ahora, el que será.
Paráfrasis: hace rato el país andaba de bala y se cocinaba
la traición como un nuevo episodio de Macondo en Miraflores.
Mérida singaba de pinga en la universidad;
Maracaibo pasaba por Cabimas Zamuro;
no era poco el que se le quemaran las manos a Betancourt,
los barbudos habían bajado de Sierra Maestra con Fidel y el Ché,
el miedo fue sembrado en nuestras casas como el arroz que faltaba.
Coro sólo era esas viejas que rezaban en Catedral en misa de seis
para que la guerrilla le devolviera a sus muchachos.
En el año moribundo de la cincuentena del XXI ya fenecido
yo había nacido pero aun no abría los ojos.
Todos creyeron, menos los académicos y los curas.
-Señores, la triangulización inversa sucede, la ciencia está al revés.
El trompo común resume el cosmos. En la naturaleza todo está hecho
básicamente con trompos. El electrón es un minúsculo trompo
que gira en torno a un eje mientras realiza su vuelo orbital alrededor
del núcleo; gira la luna sobre sí misma al desplazarse alrededor de la tierra
y ésta lo hace al girar alrededor del sol. Hablamos frecuentemente
de los puntos cardinales del cielo y olvidamos que nuestro norte
geográfico, actualmente, señala la dirección a la cual apunta su eje
de giro la inmensa nave-trompo cósmica que hemos estado tripulando
desde hace centenares de miles de años por millones y millones de kilómetros
en un viaje infinito a través del vacío cósmico como lo hace el pequeño
trompo de juguete por la atracción gravitacional de la tierra, gran parte
de los soles pudieran tener planetas que son todos giróscopos y que,
desde luego, deben estar apuntando, como nuestra tierra,
hacia alguna dirección fija del universo- dijo Ibrahim.
Todos quedaron estupefactos entre serios y festivos de la Otra Banda;
el Techo se venía encima, el triangulo del eco: LUZ, ULA y la UCV.
-He ideado una nave única de planta circular, hecha de cúpulas
de gran rigidez y poco peso que sirve de fuselaje, rodeada de elementos
alares concentrados en la periferia de éste, que le dan a la nave
la conducta de un trompo o giróscopo estable, que es al mismo tiempo
un submarino, una nave oceánica de superficie, un avión y un helicóptero
óptimos. Un submarino-avión con simetría de plano vertical radial cuyo
techo es una enorme ala redonda que puede volar en cualquier dirección
relativa a él -adelante, atrás y lateralmente en cualquier ángulo-; que es
además un helicóptero tres veces más potente, para igual superficie de alas
rotatorias, igual diámetro hasta el extremo de ellas e igual velocidad angular,
y de un mismo peso-.
Aquella armazón dinámica con imanes alrededor que a velocidad
centrífuga no se rozaban nada tenía que ver con la era novus en que se
distrajeron los epígonos de Jung; nada que ver con la superstición
porque el milagro es otra cosa y será siempre un no sé qué;
estaba todo resuelto matemáticamente la cuestión era que volara;
las veces que lo probó en el raudo viento de la Península cada una fue
distinta; que suene el pito enorme de la ignorancia no me aterra, dijo;
por esos días Ibrahim hijo ponía en las manos del poeta Álvarez
Pasaporte a Magonia y el Libro de los Condenados; cada una de las fases
por donde iba pasando lo iban acercando al motor, ahí estaba el quid;
la cuestión no es simplemente la desintegración del quartz como prueba
la cuantica, como Benítez, el J.J que le metió un caballo a Troya en la boca;
ah no la inversión del genio aquel ávida dollar que se llamó Salvador; no,
no lo voy a servir a la CIA ni a la KGB; ah Ibrahim no ostentaba de nada;
ahora que tengo el olivo en el paladar no me lo voy a tragar, alguien lo
llevará esta vez al último lugar del planeta que sigue vivo adelante
en el tiempo que aun no he vivido porque ha llegado la era sin motor;
no me voy a preocupar por saber si será esa la solución contra el pecado
original, ni saber si servirá contra el pienso luego existo conque Descartes
pretendió llenar el vacío, sin preguntarme por qué esa cara de bobo bien
administrada de ese Bill Gates que nos atonta digital, servirá contra
la relatividad que se hizo ley de la fisión y soltó los canes de la explosión,
¿recuerdas Hiroshima?, contra la guerra por los siglos de los siglos
en el amen de la cultura y la energía, contra los bosques inmisericordemente
arrasados por la cordura industrial, es decir con el mismísimo infierno que
vino a quedarse entre nosotros en la tierra bien lejos del purgatorio y bien
cerca del paraíso por si no alcanzaba la oferta y demanda de la religión
en que creyó el florentino que se llamó Dante
Perdóneme maestro, así que el barquito de papel que Rimbaud puso
en su verso es puro chiste ante esto que vuela en toda dirección,
dijo un poseso., fumado evidentemente, en los pasillos de la universidad.
-El giróscopo tiene la misma conducta de nuestro planeta en el cosmos,
en el vacío ella podría ser utilizada como una brújula giroscópica,
apuntando a alguna dirección guía. En la luna podría con mayores razones
posarse en cualquier punto, utilizando sólo la punta de su eje de rotación,
ya que tiene estabilidad giroscópica y como giróscopo que es, almacena
energía dinámica. Una vez en movimiento sólo habrá de vencer el arrastre,
no como momento, sino como fuerza directa. Nos acostumbramos tanto
al avión que olvidamos que fue el pájaro quien nos enseñó a volar-.
No hay desperdicio de energía, no quema combustible
ni siembra muerte como la falsa panacea del ethanol;
flota como burbuja en el espacio sideral;
digamos que su velocidad es mayor a la velocidad de su diámetro,
como la elipsis es lo mismo al cuadrado de la escala,
la velocidad de su potencia entre más grande menos entropía;
ya ni se lo que escucho y menos lo que digo, está en los números
que no mienten y hablan solos por sí mismos; no mas tesis,
no más dialéctica que la sustitución del motor anular por el axial
y nos habremos liberado para siempre y todo volverá a ser como la
gota de leche que cayó del cielo el primer día de la creación y en
pedazos el universo voló a constituirse en materia y pudo
volar rasante por sobre la arena y el lugar, en lo más adentro del alma
clarividente de quien lo hizo volar frente a nosotros.
César Seco.
domingo, 25 de enero de 2009
Muerte al "anciene regime"
"Anciene regime" o "antiguo régimen" era la manera en que los frnceses revolucionarios calificaban al régimen de la monarquía antes de acabar con ella. Maurat uno de los mas radicales revolucionarios de aquella época, insistió una y otra vez entre 1789 y 1792 que la muerte del "ancience regime" era la única salida de la revolución. A la final, efectivamente guillotinaron al rey y la reina mas otra larguísima lista de gentes ligadas a este "·regime" y se declaró la república. Desde entonces toda revolución que se quiera designar como tal se entiende que está obligada a acabar con el régimen de dominio que precede su comienzo. ¿Y que pasa hoy con la revolución bolivariana?. Mucha gente se desgarra las vestiduras viendo y viviendo la corrupción y el desgaste de todas las instituciones que forman el esqueleto del estado nacional. Los mas honestos se preguntan una y otra vez por la manera en que pueda ser posible depurarlas, convertirlas en instituciones transparentes servibles a la revolución. Cualquier revolucionario moderado no sólo de la revolución francesa sino de las siguientes y muchas que le sucedieron en el tiempo le dirían a estos buenos compañeros que no pierdan tiempo y nervios pensando semejante locura. Por una razón muy simple: o la revolución acaba con las instituciones formales (formas de gobierno, de legislación, de administración de justicia, de formación de ejército, de policía, de educación, de salud, de división territorial del poder, etc) y las iunstituciones que por debajo comandan a estas (propiedad, tratados internos, instituciones hegemónicas de la sociedad civil) o serán estas insituciones las que acaben la revolución. ¿Qué está pasando entonces?, pues que la revolución no ha acabado con nada de ellas, ha modidificado si sus lenguajes y gentes que las dirigen, pero son las mismas esencialmente. Los que las dirigen configuran entonces una "nueva derecha" que de la misma manera que la otra derecha (la escuálida) obran en función de impedir de cualquier forma que ese "anciene regime" muera de una vez por todas.
La crisis del chavismo es el fruto de esta impotencia fundamental que luego se traslada a las organizaciones sociales y espacios del poder popular que quedan manipulados por estas instituciones, siendo a la final y muchas veces sin conciencia, piezas de ella. Es por eso que estas instituciones de estado hablan en el "lenguaje socialista". Se enmascaran en él y de esa manera pretenden pasar la prueba de la historia, tener una especie de permiso para subsistir en el tiempo. Es el rey convirtiendose en el primer republicano, como efectivamente pasó en muchos lugares de europa dándole vía a que las antiguas élites feudales europeas puedan seguir siendo parte de la nueva clase gobernante que facilitó el tránsito al capitalismo. Igualito por acá cuando vemos como miles y miles de adecos y copeyanos se reciclan con franelas "rojo-rojita" conservando sus antiguos privilegios políticos y económicos.
El problema entonces no es tan difícil de entender. O la revolución se hace o ella muere. Y si no se quiere que muera, si aún hay esperanza, para ello hace falta acabar con el "régimen". No el chavista que no existe, es una invención de los escuálidos, sino con el régimen que desde la dictadira de Gómez para acá, y como muy bien lo mostró el comandante Kleber Ramírez, uno de los ideólogos del 4 de febrero, se reproduce una y otra vez en Venezuela bajo diferentes modalidades y personajes, pasando por democracias, dictaduras, y hoy en día hasta por "democracias participativas" y de intención socialista. Acabar con ese régimen militarista, ritualista, archiburocrático, leguleyo, tradicionalista, ultraconservador en todo los que supone las formas jerarquicas de la sociedad y el estado, régimen moralista rodeado de burguesías y politiqueros parásitos, ese régimen que es una continua caja negra inaccequible al común ciudadano, un régimen sostenido en la renta petrolera de la cual en el fondo nada sabemos a ciencia cierta que se hace con ella.
¿Qué se puede hacer?. Entiendo que mucha gente anda muy preocupada por esto de las elecciones. Y efectivamente en ellas se juega no el futuro de la revolución sino la correlación de fuerzas al interno del "anciene regime" entre las dos derechas que hoy se disputan la hegemonía a su interno, cuando en el fondo están defiendo los mismos intereses, salvo uno que otro personaje sinceramente "antisistema" que después de perder su opción como candidato se dará cuenta que a esa fiesta el ya no está invitado. De todas maneras se entiende que es un escenario bueno para dirimir pasiones y probar fuerzas. Pero insisto él nada tiene que ver con la revolución misma.
Pero entonces ¿qué es lo que hoy tiene realmente que ver con ella?. Soy de los que considero que "el proceso" o mas bien esa "otra política" que se las juega todas por la emancipación popular y no se destroza en el camino de estar compitiendo con los "derechistas" o los "reformistas" los puestos de poder dentro del "anciene regime", lo que le toca en estos momentos es producir espacios reales de liberación territorial declarada por los poderes populares que allí se condensen. En Caracas por ejemplo si hay un movimiento popular que se decida a romper con el triste papel de estar sirviendo de alfombra para los buenos destinos políticos a que aspiran Jorge Rodríguez o Aristóbulo Izturiz, podemos antes de Noviembre decidir la formación de un número suficiente de Comunas Territoriales que declaren a pleno orgullo de lo que eso supone, su separación con el "anciene regime", y exigir al estado nacional su reconocimiento inmediato o de lo contrario se declare la formación de dualidad de poderes confrontados en la ciudad, abrièndose entonces el verdadero proceso revolucionario. Es una vía perfectamente posible para lo cual existe un enorme contingente de gentes y organizaciones enteramente preparados para asumir el reto. Las claves ideológicas y el piso político y hasta constitucional si quieren, ya está hecho. La necesidad histórica esta totalmente construida, y la conciencia de ella se ha masificado. Claro, otros dirán, pero no eso se puede hacer con los buenos oficios del próximo alcalde "revolucionario" y de esa manera conservamos el carácter "pacífico y democrático" de la revolución. Eso es precisamente la vieja república donde el único protagonista y el único sujeto político en definitiva es el poder mismo. Por lo tanto, dentro de la lógica del "anciene regime" antes de hacer la revolución tenemos que tomar el poder, ya ni siquiera es la revolución la que toma el poder sino una especie divinizada de líderes que al llegar al poder harán la revolución; pobrecitra mi amor como se burlan de tí, y ya tenemos un bojote de años esperándote. Esto en el curso de los últimos diez años se ha mostrado hasta la aberración, basta con ver esos titulares de los ministerios que ahora son del "poder popular"; ¡qué irrespeto! mas absoluto a la inteligencia y la creación colectiva. Pero en fin, dejemos las rabias y al menos pongamos las cartas de lo evidente: ¿somos revolucionarios?, entonces al menos trabajemos para hacer la revolución. ¿Y es posible esa revolución?, claro que sí, desde hace viente años de "proceso" son millones los que claman por ella con ideas cada vez mas concretas para solucionar su enigma.
¡Qué gobierne el pueblo!
Roland Denis
La crisis del chavismo es el fruto de esta impotencia fundamental que luego se traslada a las organizaciones sociales y espacios del poder popular que quedan manipulados por estas instituciones, siendo a la final y muchas veces sin conciencia, piezas de ella. Es por eso que estas instituciones de estado hablan en el "lenguaje socialista". Se enmascaran en él y de esa manera pretenden pasar la prueba de la historia, tener una especie de permiso para subsistir en el tiempo. Es el rey convirtiendose en el primer republicano, como efectivamente pasó en muchos lugares de europa dándole vía a que las antiguas élites feudales europeas puedan seguir siendo parte de la nueva clase gobernante que facilitó el tránsito al capitalismo. Igualito por acá cuando vemos como miles y miles de adecos y copeyanos se reciclan con franelas "rojo-rojita" conservando sus antiguos privilegios políticos y económicos.
El problema entonces no es tan difícil de entender. O la revolución se hace o ella muere. Y si no se quiere que muera, si aún hay esperanza, para ello hace falta acabar con el "régimen". No el chavista que no existe, es una invención de los escuálidos, sino con el régimen que desde la dictadira de Gómez para acá, y como muy bien lo mostró el comandante Kleber Ramírez, uno de los ideólogos del 4 de febrero, se reproduce una y otra vez en Venezuela bajo diferentes modalidades y personajes, pasando por democracias, dictaduras, y hoy en día hasta por "democracias participativas" y de intención socialista. Acabar con ese régimen militarista, ritualista, archiburocrático, leguleyo, tradicionalista, ultraconservador en todo los que supone las formas jerarquicas de la sociedad y el estado, régimen moralista rodeado de burguesías y politiqueros parásitos, ese régimen que es una continua caja negra inaccequible al común ciudadano, un régimen sostenido en la renta petrolera de la cual en el fondo nada sabemos a ciencia cierta que se hace con ella.
¿Qué se puede hacer?. Entiendo que mucha gente anda muy preocupada por esto de las elecciones. Y efectivamente en ellas se juega no el futuro de la revolución sino la correlación de fuerzas al interno del "anciene regime" entre las dos derechas que hoy se disputan la hegemonía a su interno, cuando en el fondo están defiendo los mismos intereses, salvo uno que otro personaje sinceramente "antisistema" que después de perder su opción como candidato se dará cuenta que a esa fiesta el ya no está invitado. De todas maneras se entiende que es un escenario bueno para dirimir pasiones y probar fuerzas. Pero insisto él nada tiene que ver con la revolución misma.
Pero entonces ¿qué es lo que hoy tiene realmente que ver con ella?. Soy de los que considero que "el proceso" o mas bien esa "otra política" que se las juega todas por la emancipación popular y no se destroza en el camino de estar compitiendo con los "derechistas" o los "reformistas" los puestos de poder dentro del "anciene regime", lo que le toca en estos momentos es producir espacios reales de liberación territorial declarada por los poderes populares que allí se condensen. En Caracas por ejemplo si hay un movimiento popular que se decida a romper con el triste papel de estar sirviendo de alfombra para los buenos destinos políticos a que aspiran Jorge Rodríguez o Aristóbulo Izturiz, podemos antes de Noviembre decidir la formación de un número suficiente de Comunas Territoriales que declaren a pleno orgullo de lo que eso supone, su separación con el "anciene regime", y exigir al estado nacional su reconocimiento inmediato o de lo contrario se declare la formación de dualidad de poderes confrontados en la ciudad, abrièndose entonces el verdadero proceso revolucionario. Es una vía perfectamente posible para lo cual existe un enorme contingente de gentes y organizaciones enteramente preparados para asumir el reto. Las claves ideológicas y el piso político y hasta constitucional si quieren, ya está hecho. La necesidad histórica esta totalmente construida, y la conciencia de ella se ha masificado. Claro, otros dirán, pero no eso se puede hacer con los buenos oficios del próximo alcalde "revolucionario" y de esa manera conservamos el carácter "pacífico y democrático" de la revolución. Eso es precisamente la vieja república donde el único protagonista y el único sujeto político en definitiva es el poder mismo. Por lo tanto, dentro de la lógica del "anciene regime" antes de hacer la revolución tenemos que tomar el poder, ya ni siquiera es la revolución la que toma el poder sino una especie divinizada de líderes que al llegar al poder harán la revolución; pobrecitra mi amor como se burlan de tí, y ya tenemos un bojote de años esperándote. Esto en el curso de los últimos diez años se ha mostrado hasta la aberración, basta con ver esos titulares de los ministerios que ahora son del "poder popular"; ¡qué irrespeto! mas absoluto a la inteligencia y la creación colectiva. Pero en fin, dejemos las rabias y al menos pongamos las cartas de lo evidente: ¿somos revolucionarios?, entonces al menos trabajemos para hacer la revolución. ¿Y es posible esa revolución?, claro que sí, desde hace viente años de "proceso" son millones los que claman por ella con ideas cada vez mas concretas para solucionar su enigma.
¡Qué gobierne el pueblo!
Roland Denis
lunes, 19 de enero de 2009
Carta de Esteban Emilio Mosonyi
Fecha: lunes, 9 junio, 2008, 7:53 pm
Apreciados amigos y amigas,
Ante todo quiero reiterar mi postura invariable en defensa del proceso de transformaciones que el país necesita y por cuya senda debemos proseguir hasta alcanzar los objetivos más anhelados. Pero la situación es dificil y los problemas se van acumulando, al punto de que el propio Presidente de la República plantea categóricamente la necesidad de importantes rectificaciones y hasta abrir un nuevo periodo en nuestra dinámica política y social. Sin embargo, estos cambios tan imprescindibles para el proceso no se producen con la visibilidad necesaria ni de la manera más convincente, según se ve por ejemplo en una serie de complicaciones en el campo cultural, uno de cuyos ejemplos es la transmutación administrativo- gerencial de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello por vía de Decreto Presidencial, a cuenta de que se trata de una fundación, y las fundaciones deberán ser homogéneas y uniformes. Igualmente, el Centro de la Diversidad Cultural está en alerta roja en este sentido. Por todo ello -también por el parálisis en que se encuentra la demarcación de las tierras indígenas y la Educación Intercultural Bilingüe- he tomado la iniciativa de hacer de conocimiento público una suerte de discurso de despedida que me cupo leer ante el ex Consejo Directivo de la Casa Nacional de las Letras, en nuestra última reunión el día miércoles 04. Me interesan sobremanera vuestros comentarios, por tratarse de un aspecto significativo de una problemática que nos atañe a todos, sobre todo a quienes somos los participantes activos y protagónicos del proceso que estamos viviendo y cuyo éxito deseamos con el mayor fervor. Les pido encarecidamente dedicarle unos minutos a la lectura del texto que sigue,
A manera de epitafio para la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello
Dr. Esteban Emilio Mosonyi
Lamento profundamente tener que hacer en esta ocasión unos breves planteamientos muy categóricos y, en su conjunto, de índole pesimista o en todo caso diferente de mi temple habitual, acostumbrado a ser constructivo, repleto de ideas y esperanzas en los retos que me toca enfrentar. Como Coordinador del Área Indígena al menos hasta la presente fecha, tengo que agradecerles a todos ese insustituible y fraternal ánimo de solidaridad, comprensión y apoyo que siempre me han brindado, como amigos y seres humanos. Mi queja se orienta en otro sentido muy distinto, hacia los vericuetos del tinglado institucional y de los formalismos administrativos inexpugnables, capaces a veces de obstaculizar y aniquilar las mejores y más nobles iniciativas, los anhelos más profundos de quienes deseamos que nuestro país, con sus identidades y culturas distintivas, se enrumbe hacia mejores destinos.
Si ser revolucionario, antiimperialista, progresista y de izquierda significa participación protagónica en un proceso orientado hacia una transformación que proporcione un presente y un porvenir más seguro, creativo, feliz y hermoso a Venezuela y al resto del mundo, lo he sido en toda mi vida y continuaré siéndolo de manera consistente y decidida. Llevo inclusive varios decenios por esa senda y no corro peligro de claudicar o desviarme en ningún momento. Es por esta razón por la cual me duele que el Área a mi cargo, y mi persona como responsable de la misma, hayamos recibido un trato tan inmerecidamente mezquino, hiriente y hasta cruel, dentro de este marco institucional –y salvando algunas excepciones– en el ordenamiento político-social actualmente establecido en el país. A fuerza de tener que dejar, por un instante, la modestia a un lado, tengo que reiterar por enésima vez –con múltiples testimonios y pruebas que me acreditan– que todo ese magnífico reconocimiento constitucional del carácter multiétnico, pluricultural y plurilingüe de nuestro país, el enaltecimiento de nuestras culturas populares, de las etnociencias y de los ecosistemas que les sirven de escenario natural, tienen mucho que ver con un larguísimo trabajo que desarrollamos algunos antropólogos, lingüistas, científicos sociales y otros intelectuales comprometidos desde mediados del siglo pasado. En lo tocante a mi contribución personal, estoy seguro de que sin ella varios de los conceptos allí presentes simplemente no existirían o tal vez asumirían una forma muy distinta. Como dije, las pruebas son abundantes: no creo que hubiera jamás asumido la tarea de aprender detalladamente, desde mi infancia y adolescencia, una serie de idiomas indígenas, tan sólo a manera de atesoramiento superficial de conocimientos personales sin trascendencia social y, ante todo, política. Ningún otro colega lo ha hecho en el mundo, hasta donde tenga conocimiento. Podría seguir aduciendo otros elementos pero el tiempo es breve.
No solamente una revolución radical y profunda, cualquier régimen democrático y progresista habría avanzado en sus propósitos más relevantes y prioritarios ofreciéndome espacios institucionales adecuados, presupuesto suficiente y cierto poder de decisión en materias de mi competencia, que por fortuna no son pocas. Hasta ahora ha sucedido todo lo contrario. Comencé y –aparentemente– terminé, en esta querida Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, prácticamente sin un centavo de presupuesto pero, eso sí, ahogado en deudas, porque de alguna manera tengo que responder a mis interlocutores indígenas, especialmente a los creadores culturales. Por un tiempo mínimo logré percibir una pequeña asignación presupuestaria, pero pronto fue suspendida y revocada sin explicación alguna, incluso antes de poder ser ejecutada en una serie de programas muy bien delineados. Acudí ante todas las instancias, agoté los canales regulares, apelé a los sentimientos patrióticos y revolucionarios de los directivos y funcionarios situados en todos los niveles, pero esto se diluyó sin un mínimo de resultados positivos, antes que nada a causa de las consabidas demoras y formalismos.
Ahora, con esta última decisión sobre la naturaleza uniforme de las Fundaciones ya aparecida en Gaceta, siento que ha llegado el momento del tiro de gracia. Sin que mediara ningún hecho sustantivo, se me informa desde las alturas del poder constituido que si bien el Área de Literaturas Indígenas como tal no ha sido abolida, cesó mi función como Coordinador de la misma. No tengo voz ni voto en un mundo temático que con tanto esfuerzo contribuí a crear: más pueden los administradores de turno. Se dice que todos tendremos derecho a introducir proyectos de esta índole. Sólo quisiera saber que si con un Coordinador siempre presente y pendiente de los mínimos detalles ello no ha sido posible, ¿Cómo será ahora cuando el Área queda huérfana o confiada a personas respetables pero que no son sus dolientes? ¿Dónde queda la prioridad de lo autóctono en la Constitución Bolivariana? ¿Qué les diremos a nuestros aliados indígenas de Bolivia, Ecuador y Nicaragua? ¿La petroadicción, nuestra condición de potencia energética, con poder y recursos infinitos, nos ha suprimido todo vestigio de espiritualidad, ha destruido nuestra escala de valores de tal modo que estemos en camino de convertirnos en el "país-petróleo", más que país petrolero, sólo para vivir –o más bien vegetar– en una ilusoria abundancia de quinientos años, con nuestras culturas y ecosistemas empobrecidos? Tal vez esta sea la razón por la cual el tema indígena, pero también otras manifestaciones intangibles y espirituales, hayan dejado de importarnos.
Apreciados amigos y amigas,
Ante todo quiero reiterar mi postura invariable en defensa del proceso de transformaciones que el país necesita y por cuya senda debemos proseguir hasta alcanzar los objetivos más anhelados. Pero la situación es dificil y los problemas se van acumulando, al punto de que el propio Presidente de la República plantea categóricamente la necesidad de importantes rectificaciones y hasta abrir un nuevo periodo en nuestra dinámica política y social. Sin embargo, estos cambios tan imprescindibles para el proceso no se producen con la visibilidad necesaria ni de la manera más convincente, según se ve por ejemplo en una serie de complicaciones en el campo cultural, uno de cuyos ejemplos es la transmutación administrativo- gerencial de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello por vía de Decreto Presidencial, a cuenta de que se trata de una fundación, y las fundaciones deberán ser homogéneas y uniformes. Igualmente, el Centro de la Diversidad Cultural está en alerta roja en este sentido. Por todo ello -también por el parálisis en que se encuentra la demarcación de las tierras indígenas y la Educación Intercultural Bilingüe- he tomado la iniciativa de hacer de conocimiento público una suerte de discurso de despedida que me cupo leer ante el ex Consejo Directivo de la Casa Nacional de las Letras, en nuestra última reunión el día miércoles 04. Me interesan sobremanera vuestros comentarios, por tratarse de un aspecto significativo de una problemática que nos atañe a todos, sobre todo a quienes somos los participantes activos y protagónicos del proceso que estamos viviendo y cuyo éxito deseamos con el mayor fervor. Les pido encarecidamente dedicarle unos minutos a la lectura del texto que sigue,
A manera de epitafio para la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello
Dr. Esteban Emilio Mosonyi
Lamento profundamente tener que hacer en esta ocasión unos breves planteamientos muy categóricos y, en su conjunto, de índole pesimista o en todo caso diferente de mi temple habitual, acostumbrado a ser constructivo, repleto de ideas y esperanzas en los retos que me toca enfrentar. Como Coordinador del Área Indígena al menos hasta la presente fecha, tengo que agradecerles a todos ese insustituible y fraternal ánimo de solidaridad, comprensión y apoyo que siempre me han brindado, como amigos y seres humanos. Mi queja se orienta en otro sentido muy distinto, hacia los vericuetos del tinglado institucional y de los formalismos administrativos inexpugnables, capaces a veces de obstaculizar y aniquilar las mejores y más nobles iniciativas, los anhelos más profundos de quienes deseamos que nuestro país, con sus identidades y culturas distintivas, se enrumbe hacia mejores destinos.
Si ser revolucionario, antiimperialista, progresista y de izquierda significa participación protagónica en un proceso orientado hacia una transformación que proporcione un presente y un porvenir más seguro, creativo, feliz y hermoso a Venezuela y al resto del mundo, lo he sido en toda mi vida y continuaré siéndolo de manera consistente y decidida. Llevo inclusive varios decenios por esa senda y no corro peligro de claudicar o desviarme en ningún momento. Es por esta razón por la cual me duele que el Área a mi cargo, y mi persona como responsable de la misma, hayamos recibido un trato tan inmerecidamente mezquino, hiriente y hasta cruel, dentro de este marco institucional –y salvando algunas excepciones– en el ordenamiento político-social actualmente establecido en el país. A fuerza de tener que dejar, por un instante, la modestia a un lado, tengo que reiterar por enésima vez –con múltiples testimonios y pruebas que me acreditan– que todo ese magnífico reconocimiento constitucional del carácter multiétnico, pluricultural y plurilingüe de nuestro país, el enaltecimiento de nuestras culturas populares, de las etnociencias y de los ecosistemas que les sirven de escenario natural, tienen mucho que ver con un larguísimo trabajo que desarrollamos algunos antropólogos, lingüistas, científicos sociales y otros intelectuales comprometidos desde mediados del siglo pasado. En lo tocante a mi contribución personal, estoy seguro de que sin ella varios de los conceptos allí presentes simplemente no existirían o tal vez asumirían una forma muy distinta. Como dije, las pruebas son abundantes: no creo que hubiera jamás asumido la tarea de aprender detalladamente, desde mi infancia y adolescencia, una serie de idiomas indígenas, tan sólo a manera de atesoramiento superficial de conocimientos personales sin trascendencia social y, ante todo, política. Ningún otro colega lo ha hecho en el mundo, hasta donde tenga conocimiento. Podría seguir aduciendo otros elementos pero el tiempo es breve.
No solamente una revolución radical y profunda, cualquier régimen democrático y progresista habría avanzado en sus propósitos más relevantes y prioritarios ofreciéndome espacios institucionales adecuados, presupuesto suficiente y cierto poder de decisión en materias de mi competencia, que por fortuna no son pocas. Hasta ahora ha sucedido todo lo contrario. Comencé y –aparentemente– terminé, en esta querida Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, prácticamente sin un centavo de presupuesto pero, eso sí, ahogado en deudas, porque de alguna manera tengo que responder a mis interlocutores indígenas, especialmente a los creadores culturales. Por un tiempo mínimo logré percibir una pequeña asignación presupuestaria, pero pronto fue suspendida y revocada sin explicación alguna, incluso antes de poder ser ejecutada en una serie de programas muy bien delineados. Acudí ante todas las instancias, agoté los canales regulares, apelé a los sentimientos patrióticos y revolucionarios de los directivos y funcionarios situados en todos los niveles, pero esto se diluyó sin un mínimo de resultados positivos, antes que nada a causa de las consabidas demoras y formalismos.
Ahora, con esta última decisión sobre la naturaleza uniforme de las Fundaciones ya aparecida en Gaceta, siento que ha llegado el momento del tiro de gracia. Sin que mediara ningún hecho sustantivo, se me informa desde las alturas del poder constituido que si bien el Área de Literaturas Indígenas como tal no ha sido abolida, cesó mi función como Coordinador de la misma. No tengo voz ni voto en un mundo temático que con tanto esfuerzo contribuí a crear: más pueden los administradores de turno. Se dice que todos tendremos derecho a introducir proyectos de esta índole. Sólo quisiera saber que si con un Coordinador siempre presente y pendiente de los mínimos detalles ello no ha sido posible, ¿Cómo será ahora cuando el Área queda huérfana o confiada a personas respetables pero que no son sus dolientes? ¿Dónde queda la prioridad de lo autóctono en la Constitución Bolivariana? ¿Qué les diremos a nuestros aliados indígenas de Bolivia, Ecuador y Nicaragua? ¿La petroadicción, nuestra condición de potencia energética, con poder y recursos infinitos, nos ha suprimido todo vestigio de espiritualidad, ha destruido nuestra escala de valores de tal modo que estemos en camino de convertirnos en el "país-petróleo", más que país petrolero, sólo para vivir –o más bien vegetar– en una ilusoria abundancia de quinientos años, con nuestras culturas y ecosistemas empobrecidos? Tal vez esta sea la razón por la cual el tema indígena, pero también otras manifestaciones intangibles y espirituales, hayan dejado de importarnos.
sábado, 6 de diciembre de 2008
El crepúsculo de los ídolos
(Otra política: No hay Pueblo vencido, todo el poder para el Pueblo, nojoda!!!)
A medianoche una pobre dio a luz un niño sin techo, y esa es la esperanza.
Ernesto Cardenal.
En estos últimos días transcurridos después del 23 N, ha quedado demostrado la preocupación que diversos sectores de la vida Revolucionaria venezolana han tenido. Se trata de una de las tantas preguntas que nos hemos hecho ¿Qué hacer para mantener en pié los espacios semi-conquistados por la gente, entiéndase : salud, productivos, educacionales, comunicacionales, espacios físicos, espacios culturales, espacios de producción tanto inmaterial como material, todo esto más allá del estado?
Ha quedado claro con ejemplos como lo que está pasando en Miranda, Caracas, Carabobo, Táchira y otros estados, lo que harían factores del fascismo si llegan a tomar control nuevamente del poder nacional (Aunque en buena parte nunca lo han perdido). No pretenden dejar en pié nada de lo que huela a empoderamiento popular.
Vimos como el presidente reconoció públicamente lo que podría suceder a escala nacional si estos sectores se apoderan del tan "anhelado" poder del estado. Soy un convencido de que estos espacios hasta ahora semi-conquistados por el pueblo deben de una buena ves por todas ser completamente conquistados, el gobierno nacional, si se cree revolucionario, en buena medida debe facilitar los mecanismos para transferir de todos ello, acabar con la paternidad del estado, romper con la dependencia, que por sino se han dado cuenta, será el principal factor de derrumbe de estos espacios reivindicativos, mas allá de las actitudes fascista del enemigo. Pero como hemos visto muy bien durante todo este tiempo, no creemos que esto va a suceder, así que será tarea heroica de nuestro pueblo apoderarse de lo que le pertenece.
La autodeterminación, la autosuficiencia, el manejo total de la población de sus logros y experiencias debería ser el camino a tomar. Pero no, sorpresa, ni pensar en ese camino, ni nombrarlo siquiera. Ya el camino está decidido, no es instruir a la gente para que maneje, mantenga, y defienda sus espacios, no , se opta por el camino de la eterna dependencia, de la figura clave, de que para defender lo nuestro es necesario mantener en el poder a cierto sector político, a tal o cual personaje, al gran salvador. Estos grados enormes de dependencia son inaceptables en un proceso revolucionario.
Este proceso se ha sumergido en un interminable debate electorero que eclipsa y aletarga los caminos necesarios para la construcción revolucionaria. El psuv nació condenado a ser una mera maquinaria electoral, este partido es un desperdicio lamentable de fuerza, de organización. Bien podría utilizarse esta fuerza, claro bien organizada para concretar objetivos verdaderamente revolucionarios, por que necesidades que ahogan a nuestros pueblos día a día hay muchas.
L a cuestión no es que si queremos que Chávez se quede o no, la cuestión es que hacer más allá del estado, más allá de la dependencia estatal. Que mecanismos activar, la cuestión es ponerse a crear mecanismos que permitan la sustentación en el presente y a futuro de un verdadero proceso revolucionario, sin formulas degastadas y aprendiendo de los errores y de los aciertos de muchas experiencias a nivel mundial. Enfocándonos en la imperante necesidad de acabar con el paternalismo estatal y sus estructuras capitalistas hoy más que nunca sólidamente fortificadas, enfocados en romper con la dependencia económica de quien es nuestro mas grande enemigo el imperio estadounidense, que es quien mueve todos los hilos de los sectores fascistas de nuestro país. Imperio sumamente sumamente astuto, que sabe como renovarse cada vez que se ve amenazado, y que hoy se presenta al mundo con nueva cara, y que en algunos ha generado sentimientos de esperanzas, de cambio. Pero que este imperio nunca nos engañe, sabemos muy bien que en el fondo son lo mismo así se vista de negro o de blanco, cosa que de una buena vez está quedando demostrado con los nombramientos que está haciendo su nuevo presidente.
Para nada podemos depender del bienestar del imperio, del gran capital, para estar bien nosotros, en estos momentos de crisis financiera deberían aceptarlo quienes todavía se niegan a reconocer esto, los que se empeñan en poner el bienestar de nuestro pueblo a merced de los gansters nacionales e internacionales, a los que dicen estar construyendo un sistema socialista y no hacen más que repetir los mismos vicios, las mismas formas del capitalismo dominante, y peor aún cometiendo los mismos errores de las fracasadas experiencias de construcción de sociedades socialistas. Como bien sigue diciendo el eterno compañero Ibrahím López García, que en su momento dejo claro los errores en que estaban cayendo no solo la URRS, sino también la china popular y en todos los países socialistas del momento, y dijo: "Mal puede la nueva sociedad-el socialismo-desarrollarse armoniosamente con un sistema de fuerzas productivas heredadas o copiadas del capitalismo".
Hay una verdadera variedad de problemas a los que hay que hacerle frente de manera heroica y lo que se ha hecho en 10 años es volcar el movimiento popular a trabajar de una elección a otra, y la parte de ese movimiento que ha decidido no perder el tiempo en estas vainas, lo han discriminado, acusándolos desde indisciplinados hasta conspiradores.
Hay mucho que organizar, que crear, y es sumamente sospechoso ver como no se hace, y cuando se hace es para ir a llevar a la gente a seguir fortaleciendo las estructuras burguesas por medio del voto.
Planteamientos como los de la OTRA POLÍTICA dan un paso adelante en este sentido, nacen como un clamor que cada día va ir creciendo más, de llevar adelante acciones concretas que permitan experiencias de construcción colectivas, verdaderamente participativas, fuerzas que tengan la capacidad de fijar pautas y objetivos que desemboquen en procesos de verdadero desarrollo humano. Todo esto basado en un proceso organizativo, colectivamente, autosuficiente, creados a partir de las verdaderas necesidades de las diferentes comunidades, de las organizativas de un lugar u otro, evitando la organización por organización, visto desde intereses que son ajenos a nuestros objetivos reivindicativos y que a nadie les interesa, como ya conocemos muchos ejemplos.
Y así desde una base popular ampliada creada desde la capacidad creativa del pueblo, que salga de las entrañas de la enorme variedad de recursos humanos, de recursos naturales, intelectuales y técnicos que poseemos, que nos permita niveles extraordinarios de autonomía necesarios para tomar decisiones del índole que sean.
Por que lo que está más claro con todo esto que está pasando tanto con las intenciones de la derecha tradicional de quitar los espacios físicos, de salud, de cultura, educativos, los espacios de vida social. Tarea que ha facilitado la derecha endógena con su empeño de empoderarse de todos los espacios del país, y que el salvador lejos de reconocer que tiene a esa derecha tan cerca, lo que hace es premiar a sus máximos exponentes recién derrotados en grandes puestos de su tren ministerial. Cosa que finalmente y sin ningún titubeo desvelan las características de este gobierno. Igualmente claro está con lo que está pasando con la crisis financiera mundial de la cual estamos terriblemente enchufados por nuestra dependencia petrolera, es que hay que evitar como dice Maneiro, el narcótico del movimiento popular: El paternalismo estatal. Y que invita a luchar a fin de solventar los problemas que a diario aquejan a la población, sigue diciendo Maneiro: " si el pueblo lucha por ello no seguirá siendo narcótico, no será opio". Pero esto hay que hacerlo ya, por que el enemigo no descansa.
Otra política, ciencia y palabra de nuestro pueblo.
Miguel Arteaga.
para más información visita nuestro blog:http://cuentofiestaycandela.blogspot.com/
A medianoche una pobre dio a luz un niño sin techo, y esa es la esperanza.
Ernesto Cardenal.
En estos últimos días transcurridos después del 23 N, ha quedado demostrado la preocupación que diversos sectores de la vida Revolucionaria venezolana han tenido. Se trata de una de las tantas preguntas que nos hemos hecho ¿Qué hacer para mantener en pié los espacios semi-conquistados por la gente, entiéndase : salud, productivos, educacionales, comunicacionales, espacios físicos, espacios culturales, espacios de producción tanto inmaterial como material, todo esto más allá del estado?
Ha quedado claro con ejemplos como lo que está pasando en Miranda, Caracas, Carabobo, Táchira y otros estados, lo que harían factores del fascismo si llegan a tomar control nuevamente del poder nacional (Aunque en buena parte nunca lo han perdido). No pretenden dejar en pié nada de lo que huela a empoderamiento popular.
Vimos como el presidente reconoció públicamente lo que podría suceder a escala nacional si estos sectores se apoderan del tan "anhelado" poder del estado. Soy un convencido de que estos espacios hasta ahora semi-conquistados por el pueblo deben de una buena ves por todas ser completamente conquistados, el gobierno nacional, si se cree revolucionario, en buena medida debe facilitar los mecanismos para transferir de todos ello, acabar con la paternidad del estado, romper con la dependencia, que por sino se han dado cuenta, será el principal factor de derrumbe de estos espacios reivindicativos, mas allá de las actitudes fascista del enemigo. Pero como hemos visto muy bien durante todo este tiempo, no creemos que esto va a suceder, así que será tarea heroica de nuestro pueblo apoderarse de lo que le pertenece.
La autodeterminación, la autosuficiencia, el manejo total de la población de sus logros y experiencias debería ser el camino a tomar. Pero no, sorpresa, ni pensar en ese camino, ni nombrarlo siquiera. Ya el camino está decidido, no es instruir a la gente para que maneje, mantenga, y defienda sus espacios, no , se opta por el camino de la eterna dependencia, de la figura clave, de que para defender lo nuestro es necesario mantener en el poder a cierto sector político, a tal o cual personaje, al gran salvador. Estos grados enormes de dependencia son inaceptables en un proceso revolucionario.
Este proceso se ha sumergido en un interminable debate electorero que eclipsa y aletarga los caminos necesarios para la construcción revolucionaria. El psuv nació condenado a ser una mera maquinaria electoral, este partido es un desperdicio lamentable de fuerza, de organización. Bien podría utilizarse esta fuerza, claro bien organizada para concretar objetivos verdaderamente revolucionarios, por que necesidades que ahogan a nuestros pueblos día a día hay muchas.
L a cuestión no es que si queremos que Chávez se quede o no, la cuestión es que hacer más allá del estado, más allá de la dependencia estatal. Que mecanismos activar, la cuestión es ponerse a crear mecanismos que permitan la sustentación en el presente y a futuro de un verdadero proceso revolucionario, sin formulas degastadas y aprendiendo de los errores y de los aciertos de muchas experiencias a nivel mundial. Enfocándonos en la imperante necesidad de acabar con el paternalismo estatal y sus estructuras capitalistas hoy más que nunca sólidamente fortificadas, enfocados en romper con la dependencia económica de quien es nuestro mas grande enemigo el imperio estadounidense, que es quien mueve todos los hilos de los sectores fascistas de nuestro país. Imperio sumamente sumamente astuto, que sabe como renovarse cada vez que se ve amenazado, y que hoy se presenta al mundo con nueva cara, y que en algunos ha generado sentimientos de esperanzas, de cambio. Pero que este imperio nunca nos engañe, sabemos muy bien que en el fondo son lo mismo así se vista de negro o de blanco, cosa que de una buena vez está quedando demostrado con los nombramientos que está haciendo su nuevo presidente.
Para nada podemos depender del bienestar del imperio, del gran capital, para estar bien nosotros, en estos momentos de crisis financiera deberían aceptarlo quienes todavía se niegan a reconocer esto, los que se empeñan en poner el bienestar de nuestro pueblo a merced de los gansters nacionales e internacionales, a los que dicen estar construyendo un sistema socialista y no hacen más que repetir los mismos vicios, las mismas formas del capitalismo dominante, y peor aún cometiendo los mismos errores de las fracasadas experiencias de construcción de sociedades socialistas. Como bien sigue diciendo el eterno compañero Ibrahím López García, que en su momento dejo claro los errores en que estaban cayendo no solo la URRS, sino también la china popular y en todos los países socialistas del momento, y dijo: "Mal puede la nueva sociedad-el socialismo-desarrollarse armoniosamente con un sistema de fuerzas productivas heredadas o copiadas del capitalismo".
Hay una verdadera variedad de problemas a los que hay que hacerle frente de manera heroica y lo que se ha hecho en 10 años es volcar el movimiento popular a trabajar de una elección a otra, y la parte de ese movimiento que ha decidido no perder el tiempo en estas vainas, lo han discriminado, acusándolos desde indisciplinados hasta conspiradores.
Hay mucho que organizar, que crear, y es sumamente sospechoso ver como no se hace, y cuando se hace es para ir a llevar a la gente a seguir fortaleciendo las estructuras burguesas por medio del voto.
Planteamientos como los de la OTRA POLÍTICA dan un paso adelante en este sentido, nacen como un clamor que cada día va ir creciendo más, de llevar adelante acciones concretas que permitan experiencias de construcción colectivas, verdaderamente participativas, fuerzas que tengan la capacidad de fijar pautas y objetivos que desemboquen en procesos de verdadero desarrollo humano. Todo esto basado en un proceso organizativo, colectivamente, autosuficiente, creados a partir de las verdaderas necesidades de las diferentes comunidades, de las organizativas de un lugar u otro, evitando la organización por organización, visto desde intereses que son ajenos a nuestros objetivos reivindicativos y que a nadie les interesa, como ya conocemos muchos ejemplos.
Y así desde una base popular ampliada creada desde la capacidad creativa del pueblo, que salga de las entrañas de la enorme variedad de recursos humanos, de recursos naturales, intelectuales y técnicos que poseemos, que nos permita niveles extraordinarios de autonomía necesarios para tomar decisiones del índole que sean.
Por que lo que está más claro con todo esto que está pasando tanto con las intenciones de la derecha tradicional de quitar los espacios físicos, de salud, de cultura, educativos, los espacios de vida social. Tarea que ha facilitado la derecha endógena con su empeño de empoderarse de todos los espacios del país, y que el salvador lejos de reconocer que tiene a esa derecha tan cerca, lo que hace es premiar a sus máximos exponentes recién derrotados en grandes puestos de su tren ministerial. Cosa que finalmente y sin ningún titubeo desvelan las características de este gobierno. Igualmente claro está con lo que está pasando con la crisis financiera mundial de la cual estamos terriblemente enchufados por nuestra dependencia petrolera, es que hay que evitar como dice Maneiro, el narcótico del movimiento popular: El paternalismo estatal. Y que invita a luchar a fin de solventar los problemas que a diario aquejan a la población, sigue diciendo Maneiro: " si el pueblo lucha por ello no seguirá siendo narcótico, no será opio". Pero esto hay que hacerlo ya, por que el enemigo no descansa.
Otra política, ciencia y palabra de nuestro pueblo.
Miguel Arteaga.
para más información visita nuestro blog:http://cuentofiestaycandela.blogspot.com/
jueves, 20 de noviembre de 2008
Los conflictos sociales dentro del proceso revolucionario como expresión de lucha de clase
El estado benefactor y la mediación de este en la luchas del pueblo
El proceso bolivariano a transitado por diversos caminos, que van desde propuestas libertarias hasta la claudicación en la lucha de clase, desde una nueva propuesta para la construcciòn del socialismo como utopía concreta, hasta la formación de una nomenclatura burocrática y vertical que con su beneficios y robos se viene convirtiendo en la llamada bolibuerguesia (dueños de medios de producción, negocios, constructoras).
Hoy en pleno proceso electoral las consignas mas repetida tienen que ver con las misiones, apareciendo esta como la expresión mas genuina del socialismo bolivariano, si bien cuando nacen las misiones estas expresa o deberían expresa el nuevo tejido orgánico social que permitieran ir en avanzada en la construcciòn de una nueva sociedad, en la practica desde su nacimiento el entramado burocrático puso el freno a cualquier avanzada de los sectores populares, el nuevo tejido en construcciòn dirigido desde arriba por un grupo de funcionario si ninguna relación orgánica con los sectores sociales terminaron haciendo lo que aprendieron en las escuelas de lo artenativo, comenzaron a moldear la nueva institucionalidad para que esta se pareciera al viejo estado opresor, que tanto se dice combatir, haciendo de estas misiones la vieja política del estado benefactor, de lo publico y participativo como encuentro constituyente pasa como un hecho lógico a lo privado y elitesco como política de estado.
Nos encontramos pues en un proceso que comienza a dar síntoma de agotamiento, de una crisis en lo interno que pareciera no tener salida desde la óptica de gobierno, la no compresión de esta crisis permite que los sectores de la contrarrevolución hoy jueguen al dejaste, desesperanza y agotamiento mas que la confrontación de calle, la falta de una vanguardia colectiva que permita derrotar la contrarrevolución interna (llamada derecha endógena) como la contrarrevolución externa, pero la conflictividad la calle contra la inconsecuencia e ineficacia de las diversas gestiones, los reclamos obreros, las toma de tierra y fabrica es cada ves mas radicar, nos encontramos entonces en una encrusigada donde la maniobra del estado no permite avanzar, aparece este como el mediador y organizador de la sociedad.
Este agotamiento hace crisis ya que se reproduce la lógica burguesa (mantenida como tesis leninista) que el estado se sitúa sobre el pueblo, esta por encima como una superestructura inalcanzable por los mortales, esta reproducción hace que el estado se convierta en una mole de acero imposible de romper, como estado siempre tiende al dominio, cada política de calle que impulse política autónoma es vista como enemiga del proceso.
Vemos entonces que la política económica y social que insurge desde las comunidades es ahogada desde el aparato burocrático, nada sin control puede existir, sobre esta lógica esta montada la política del gobierno, desde las mas pequeñas alcaldías, o gobernaciones, pasando a cualquier institución, el control de los funcionario es total, o estas con ello o la propuesta populares son mandada al foso del olvido, esta cultura del control se expresa en todo el que hacer de la política oficial, pocos son los reductos de resistencia interna, pero también se expresan como una reproducción de sobrevivencia y cuadre en muchas organizaciones, colectivos y individualidades.
La clase y sectores populares que reivindican su autonomía y resisten a ser controlado son cercados, imponiéndose el chantaje de no estar con el proceso, todo debe ser controlado, por el partido o por el estado, en algunas veces se confunde el control y no se sabe donde esta el partido y donde se encuentra el estado, formándose una metamorfosi donde la gobernabilidad se reparte en grupos y fracciones sin expresión de clase, esta forma de gobernar entra en un crisis orgánica donde se expresan diversa forma y criterio sobre el proceso, encontrándose un gobierno unidos en lo aparente por el compañero presidente, pero que en la practica se fragmenta por grupo de poder que aspiran el dominio total, esta pugna que aparece como simple contradicciones será a muerte en el futuro, ya que discute quien será el suplante al compañero Chávez en el futuro, ahora bien sea que sea que tenga el control este genera opresión, autoritarismo cultivando un germen para el nacimiento del fascismo.
Todo control pasa por los hilos de la nomeclatura, de allí se impone e impulsan las política de gobierno, se repite de nuevo la vieja forma de definir y impulsar el socialismo, este aparece como una política que desde arriba si impone y decreta, sin sujetos reales, es tener el poder desde allí se direcciona.
Veamos unos ejemplos de esta lógica perversa del dominio.
Mientras los sectores populares comunitarios desde la periferia tratan de construir tejidos orgánicos en lo económico, el ministro de economía, desarticula e impone “mesas de trabajo” que bajo la óptica del gobierno se decretan la política, el entramado burocrático imposibilita que estos planes propio del gobierno se ejecuten, cunde el dejaste, siguen apareciendo como jefe la burocracia, el ministro por encima del pueblos.
La economía fabril, donde centenares de cooperativas se insertan al aparato productivo, es utilizada como mano de obra barata, tercerizando su mano de obra, terminando estos compañeros en creer que es mejor tener un patrón que le paga todo lo de la ley, que ser socio de su explotación, en empresas como alcasa de el chantaje de su salida para incorporar contrata, pasa a la realidad, ya comienzan a llegar los viejos y nuevos contratista (hay que ver quienes son sus dueños) quedando muchos cooperativista sin empleo, otros de estos pasan a ser trabajadores de la contrata conociendo la realidad que los nuevos contratos a los patrones son muy pero muy superiores a lo que le daban a ello.
Los conflicto de los trabajadores son mediatizado por el ministerio del trabajo, aparece el ministro (sea quien sea el ministro) que de patrón, dijo patrón por ser representante del estado como patronal y se convierte en el convocante de la organización de los trabajadores, este movimiento de trabajadores entonces se convierte en una fuerza para consolidar un estado burocrático y no para su derrota, mas cuando encontramos opiniones de varios ministros que afirman que dentro de las empresas del estado no hay explotación ya que no hay patrón privado, negando el papel que el estado juega, otros que dicen que en venezuela no hay ni burgueses ni proletario, todos somos hombres y mujeres nacidos, creado por la renta petroleras, apareciendo las renta como elemento desligado del trabajo, donde debemos darle gracia al creador por tener un estado benefactor de todos lo venezolanos, otros afirman que debemos consolidar el capitalismo de estado ya que es la primera etapa para llegar al socialismo y este con la burguesía son los únicos que pueden desarrollar la fuerza productivas, en fin de cuenta nos encontramos con criterios políticos que profundizan la explotación del trabajo, esta se convierten según estos ministros como un bien necesario para distribuir la riqueza para todo los venezolanos, entendiéndose el socialismo como una sociedad donde la explotación se democratiza para el bien social.
Hoy aparece una propuesta que firmamos muchos viejos compañeros de sueños y esperanza, tal vez mas que propuesta, es un alerta a lo que estas viviendo como proceso, vale entonces comenzar a ponernos de acuerdos, en tono a un programa mínimo de organización y desarrollo político, con todos y todas, sea militante de psuv o no, donde el respeto a la autonomía de la clase se expresa como parte de la nueva racionalidad libertaria, que permita derrotar aniquilar, la explotación del trabajo, la opresión política, en fin el estado como órgano de control y opresión, es la hora de la otra política.
Osvaldo León
El proceso bolivariano a transitado por diversos caminos, que van desde propuestas libertarias hasta la claudicación en la lucha de clase, desde una nueva propuesta para la construcciòn del socialismo como utopía concreta, hasta la formación de una nomenclatura burocrática y vertical que con su beneficios y robos se viene convirtiendo en la llamada bolibuerguesia (dueños de medios de producción, negocios, constructoras).
Hoy en pleno proceso electoral las consignas mas repetida tienen que ver con las misiones, apareciendo esta como la expresión mas genuina del socialismo bolivariano, si bien cuando nacen las misiones estas expresa o deberían expresa el nuevo tejido orgánico social que permitieran ir en avanzada en la construcciòn de una nueva sociedad, en la practica desde su nacimiento el entramado burocrático puso el freno a cualquier avanzada de los sectores populares, el nuevo tejido en construcciòn dirigido desde arriba por un grupo de funcionario si ninguna relación orgánica con los sectores sociales terminaron haciendo lo que aprendieron en las escuelas de lo artenativo, comenzaron a moldear la nueva institucionalidad para que esta se pareciera al viejo estado opresor, que tanto se dice combatir, haciendo de estas misiones la vieja política del estado benefactor, de lo publico y participativo como encuentro constituyente pasa como un hecho lógico a lo privado y elitesco como política de estado.
Nos encontramos pues en un proceso que comienza a dar síntoma de agotamiento, de una crisis en lo interno que pareciera no tener salida desde la óptica de gobierno, la no compresión de esta crisis permite que los sectores de la contrarrevolución hoy jueguen al dejaste, desesperanza y agotamiento mas que la confrontación de calle, la falta de una vanguardia colectiva que permita derrotar la contrarrevolución interna (llamada derecha endógena) como la contrarrevolución externa, pero la conflictividad la calle contra la inconsecuencia e ineficacia de las diversas gestiones, los reclamos obreros, las toma de tierra y fabrica es cada ves mas radicar, nos encontramos entonces en una encrusigada donde la maniobra del estado no permite avanzar, aparece este como el mediador y organizador de la sociedad.
Este agotamiento hace crisis ya que se reproduce la lógica burguesa (mantenida como tesis leninista) que el estado se sitúa sobre el pueblo, esta por encima como una superestructura inalcanzable por los mortales, esta reproducción hace que el estado se convierta en una mole de acero imposible de romper, como estado siempre tiende al dominio, cada política de calle que impulse política autónoma es vista como enemiga del proceso.
Vemos entonces que la política económica y social que insurge desde las comunidades es ahogada desde el aparato burocrático, nada sin control puede existir, sobre esta lógica esta montada la política del gobierno, desde las mas pequeñas alcaldías, o gobernaciones, pasando a cualquier institución, el control de los funcionario es total, o estas con ello o la propuesta populares son mandada al foso del olvido, esta cultura del control se expresa en todo el que hacer de la política oficial, pocos son los reductos de resistencia interna, pero también se expresan como una reproducción de sobrevivencia y cuadre en muchas organizaciones, colectivos y individualidades.
La clase y sectores populares que reivindican su autonomía y resisten a ser controlado son cercados, imponiéndose el chantaje de no estar con el proceso, todo debe ser controlado, por el partido o por el estado, en algunas veces se confunde el control y no se sabe donde esta el partido y donde se encuentra el estado, formándose una metamorfosi donde la gobernabilidad se reparte en grupos y fracciones sin expresión de clase, esta forma de gobernar entra en un crisis orgánica donde se expresan diversa forma y criterio sobre el proceso, encontrándose un gobierno unidos en lo aparente por el compañero presidente, pero que en la practica se fragmenta por grupo de poder que aspiran el dominio total, esta pugna que aparece como simple contradicciones será a muerte en el futuro, ya que discute quien será el suplante al compañero Chávez en el futuro, ahora bien sea que sea que tenga el control este genera opresión, autoritarismo cultivando un germen para el nacimiento del fascismo.
Todo control pasa por los hilos de la nomeclatura, de allí se impone e impulsan las política de gobierno, se repite de nuevo la vieja forma de definir y impulsar el socialismo, este aparece como una política que desde arriba si impone y decreta, sin sujetos reales, es tener el poder desde allí se direcciona.
Veamos unos ejemplos de esta lógica perversa del dominio.
Mientras los sectores populares comunitarios desde la periferia tratan de construir tejidos orgánicos en lo económico, el ministro de economía, desarticula e impone “mesas de trabajo” que bajo la óptica del gobierno se decretan la política, el entramado burocrático imposibilita que estos planes propio del gobierno se ejecuten, cunde el dejaste, siguen apareciendo como jefe la burocracia, el ministro por encima del pueblos.
La economía fabril, donde centenares de cooperativas se insertan al aparato productivo, es utilizada como mano de obra barata, tercerizando su mano de obra, terminando estos compañeros en creer que es mejor tener un patrón que le paga todo lo de la ley, que ser socio de su explotación, en empresas como alcasa de el chantaje de su salida para incorporar contrata, pasa a la realidad, ya comienzan a llegar los viejos y nuevos contratista (hay que ver quienes son sus dueños) quedando muchos cooperativista sin empleo, otros de estos pasan a ser trabajadores de la contrata conociendo la realidad que los nuevos contratos a los patrones son muy pero muy superiores a lo que le daban a ello.
Los conflicto de los trabajadores son mediatizado por el ministerio del trabajo, aparece el ministro (sea quien sea el ministro) que de patrón, dijo patrón por ser representante del estado como patronal y se convierte en el convocante de la organización de los trabajadores, este movimiento de trabajadores entonces se convierte en una fuerza para consolidar un estado burocrático y no para su derrota, mas cuando encontramos opiniones de varios ministros que afirman que dentro de las empresas del estado no hay explotación ya que no hay patrón privado, negando el papel que el estado juega, otros que dicen que en venezuela no hay ni burgueses ni proletario, todos somos hombres y mujeres nacidos, creado por la renta petroleras, apareciendo las renta como elemento desligado del trabajo, donde debemos darle gracia al creador por tener un estado benefactor de todos lo venezolanos, otros afirman que debemos consolidar el capitalismo de estado ya que es la primera etapa para llegar al socialismo y este con la burguesía son los únicos que pueden desarrollar la fuerza productivas, en fin de cuenta nos encontramos con criterios políticos que profundizan la explotación del trabajo, esta se convierten según estos ministros como un bien necesario para distribuir la riqueza para todo los venezolanos, entendiéndose el socialismo como una sociedad donde la explotación se democratiza para el bien social.
Hoy aparece una propuesta que firmamos muchos viejos compañeros de sueños y esperanza, tal vez mas que propuesta, es un alerta a lo que estas viviendo como proceso, vale entonces comenzar a ponernos de acuerdos, en tono a un programa mínimo de organización y desarrollo político, con todos y todas, sea militante de psuv o no, donde el respeto a la autonomía de la clase se expresa como parte de la nueva racionalidad libertaria, que permita derrotar aniquilar, la explotación del trabajo, la opresión política, en fin el estado como órgano de control y opresión, es la hora de la otra política.
Osvaldo León
martes, 11 de noviembre de 2008
Carta a las autoridades y ministros que se sienten militantes revolucionarios y si la lee el Presidente no está de más
Venezuela 12 de Noviembre 2008Compañer@s….
A partir de una reflexión conjunta entre diferentes personas que hemos militado por largos tiempos en la lucha revolucionaria hemos considerado necesario hacer esta breve carta con el fin de sintetizar algunos elementos críticos que en estos momentos nos parecen de primera importancia dentro de las circunstancias y retos que vive nuestro país y muy especialmente la revolución bolivariana como intento de liberación profunda de las relaciones de dominio y explotación que han imperado.
Una y otra vez se oyen dentro de la inmensa mayoría de espacios organizados del pueblo dos opiniones que ya parecen ideas fijas e interiorizadas como matrices de compresión de los momentos que vivimos: una de ellas tiene que ver con la acentuada burocratización del proceso que además facilita, por un lado, la cristalización de la ineficiencia y la división del trabajo como norma de interna de vida dentro del estado, por otro, la multiplicación de fenómenos de corrupción y formación de mafias internas dentro del estado a las cuales se unen roscas empresariales que constituyen un cáncer mortal para cualquier proceso revolucionario. La otra idea tiene que ver con una consecuencia inmediata a esta primera circunstancia: la distancia cada vez más palpable entre las esferas de gobierno y la organización popular; distancia que a su vez jerarquiza en forma alarmante las relaciones entre pueblo y gobierno perdiéndose en una suma de actos protocolares donde uno habla y el otro escucha cual masa pasiva y sin papel protagónico dentro del proceso en curso. Cada vez mas se “instrumentaliza y electoraliza” la relación con las clases populares, repitiéndose la historia de la vieja república burguesa y colonizada. Estos dos hechos nos lleva a los bordes de otra realidad terriblemente dañina, esto es, la pérdida de credibilidad de la mayoría frente al proceso revolucionario y el desencanto de miles y miles de personas que desde los primeros momentos han constituido la militancia social, desinteresada y principal de la propia revolución. Esta situación fenoménica nos ha llevado a una conclusión central, razón entre otras que tomamos la iniciativa de escribir esta breve carta: estamos viviendo hoy en día una Crisis de Proyecto, una crisis que tiene que ver con la posibilidad misma de seguir avanzando en el propósito revolucionario si las raíces de ella nos son atacadas de inmediato y con toda decisión.
No queremos entrar en consideraciones ajenas a los objetivos de esta carta respecto a la naturaleza del estado venezolano, la lucha de clases en nuestra sociedad, las limitantes de la organización popular, las fallas políticas y de dirección cometidas, u otras que tienen que ver con matices ideológicos respecto al papel de lo orgánico popular, el partido, el papel de gobierno, nuestra realidad como nación dentro del orden global, el proyecto de integración continental, etc. Hechos muy importantes pero frente a los cuales podríamos discutir largo, transparentándose las posiciones propias de las distintas corrientes revolucionarias presentes en el proceso. Nos interesa más bien ir directamente al grano del asunto, punto donde es muy difícil que podamos encontrar diferencias de principio entre nosotros y nosotras en tanto socialistas y revolucionarios, ya que se trata de un asunto que es el nutriente común de todo el pensamiento ligado a la emancipación social desde que afloraron las primeras revoluciones anticapitalistas en el mundo: la transformación de las relaciones sociales de producción. Además, punto desde el cual podemos visualizar las vías concretas para superar esta Crisis de Proyecto que actualmente vivimos.
Si tomamos como punto de partida los atascamientos de los cuatro escenarios principales desde los cuales se han intentado implementar los cambios principales en el orden de las relaciones de producción y en vistas al desarrollo de un nuevo orden socialista, estos son:
1. Los proyectos de carácter alternativo y colectivista que giraron alrededor de los Fundos Zamoranos y los proyectos cooperativos y de desarrollo endógeno ligados a todo el esfuerzo hecho por la misión Vuelvan Caras (iniciativas que salvo loables excepciones podemos considerar casi olvidadas).
2. La nacionalización de empresas estratégicas en manos de monopolios privados (industria eléctrica, telefónica, siderúrgica, centrales lecheras, centrales cementeras, bancos, y principalmente la renacionalización de la industria petrolera).
3. Los proyectos ligados a modelos cogestionarios donde han prevalecido los intentos hechos tanto en industrias básicas, agrícolas y principalmente aquellos donde se ha procedido a la expropiación del capital privado a raíz de las tomas de empresas por parte de los trabajadores (iniciativas que utilizando uno u otro modelo de gestión pero teniendo como meta la cogestión como tal también han sido un fracaso en este campo).
4. Los actuales proyectos en curso donde resalta la línea de desarrollo de las “doscientas fábricas socialistas” o Proyecto Fábrica Adentro (proyecto a nuestro parecer de primera importancia pero que tiende a estancarse o limitarse a algunos convenios con distintos países –y empresas privadas de ellos- de gran importancia geopolítica pero donde se repiten en forma dramática las relaciones de dependencia frente al capital y la tecnología externa).
Todos estos proyectos de vital importancia política, económica e incluso civilizatoria si vamos a lo mas profundo y trascendente del propósito socialista, independientemente de su olvido, de su desarrollo o estancamiento, tienen como común denominador dos hechos principales:
Primero, la ausencia del papel protagónico de la clase trabajadora en toda su diversidad y complejidad en tanto sujeto pensante y dirigente dentro de los mismos. O si ese no es el caso como de hecho pasa con las empresas recuperadas o iniciativas colectivistas, lo que vemos es una contraofensiva burocrática sobre ellos a través de la cual se ha intentado despojar al trabajador politizado y actuante de su papel dirigente para imponer el mando burocrático sobre los mismos, repitiéndose la vieja historia de un socialismo que quizo ser “real” y terminó en la mas pura ficción despótica. O en el caso del cooperativismo allí donde ha sido sincera la intención de colectivizar y horizontalizar las relaciones laborales, se sobrecarga de condicionantes, papeles (sobretodo para todo lo que tiene que ver con el crédito y la ayuda de estado) y vigilancia burocrática hasta hacerse imposible, o cuando no simplemente se desplaza y se regresa a las viejas “contratas” privadas como es el caso actualmente de Guayana.
Segundo: todos estos proyectos, sobretodo aquellos que tienen que ver con empresas y proyectos medianos y pequeños están concebidos por fuera totalmente de la dinámica popular de organización y autogobierno con lo cual ellos mismos se quedan descolgados del conjunto de la sociedad y la sociedad en el sentido mas amplio queda anclada en la condición de consumidora o receptora cuando mucho de la asistencia por parte del estado, sometida como siempre a la condición de banco universal de fuerza de trabajo disponible para su explotación. De esta manera se alejan totalmente las fases de producción y reproducción de la riqueza en sus intentos liberadores, lo cual contradice totalmente todo propósito socialista y más bien nos hunde todavía más dentro del modelo rentista y petrolero que heredamos del siglo XX. En ese sentido vuelve con ella la misma lógica que tenemos en el campo de la producción: se impone el mando burocrático sobre los tan propangandizados “poderes populares”, manejados y diseñados en oficinas de estado o sencillamente vemos como pierden su condición autónoma y de poder.
Toda esta secuencia de hechos, repetimos, tiene en nuestra consideración su razón principal en la sustitución del papel de los trabajadores ya no como clase en sí a la cual asignamos algún papel teológico, sino como conjuntos diversos de una misma clase que han asumido un papel político-revolucionario consciente tanto en el campo de la producción de riqueza como en el campo de la reproducción de las misma. Sustitución efectuada por parte de tecnocracias públicas y hasta privadas o por parte de la plutocracia política gobernante que intenta “representarla” y “dirigirla” desde afuera. Ello nos ha conducido necesariamente a desdibujar cada vez mas todo el propósito inicial libertario, constituyente, autogobernante, que inspira la revolución bolivariana, imponiéndose un viejo esquema muy trajinado tanto por los viejos modelos estalinistas como socialdemócratas, el de combinar el capitalismo de estado con el asistencialismo social.
La propiedad común y social, la ruptura con el viejo estado burgués, el autogobierno del pueblo, que han sido bandera argumentativa en infinidad de discursos del mismo presidente, parte de todos o casi todos los preámbulos de los grandes proyectos de estado, palabra central del mismo Proyecto Simón Bolívar, hoy en día se disuelven entre variados esquemas estatizantes que además reinstalan las relaciones dependencia con el capitalismo global independientemente de la bandera nacional que los identifique. Viendo que a futuro, cuando se habla de proyectos socialistas, no existe ningún plan de convocatoria o de acercamiento fluido, directo y creador entre gobierno y clases trabajadoras para comenzar la obra pendiente en favor del desarrollo de un tejido productivo socialista, endógeno, sustentable y soberano, adjunto a toda una cantidad de espacios territoriales de organización y gobernabilidad popular de carácter constituyente. Por el contrario, vemos, y de allí su estancamiento, como se mapean uno tras otro proyecto, la mayoría quedándose en el papel, otros en veremos, donde solo participan en su concepción y ejecución comisiones formadas al interno de las oficinas gubernamentales, colándose no en pocas oportunidades intereses capitalistas de la peor naturaleza. Por más buena voluntad, capacidad e ilusión revolucionaria que exista entre estos funcionarios (porque en otros casos sobran los intereses de mafias que quieren hacer de ellos grandes proyectos fluidos en dólares y exquisitas contrataciones externas. O simplemente se trata de sujetos formados en las tradicionales escuelas de gestión capitalistas que envenenan todo debate y todo proyecto con sus prejuicios propios), sin duda que esto hace imposible avanzar por una senda de transformación real y profunda.
Consideramos entonces que si no se convoca al actor político-social salido de la clase trabajadora a tomar en sus manos los sueños emancipativos en el campo de la producción y a ser el principal sujeto intelectual y político que interactúe con el gobierno para sacar adelante dichos sueños no en calidad de acompañante formal y menos de espectador sino de protagonista central, seguro que esto morirá en el intento; son hoy proyectos sin sujeto, puramente instrumentales y externos a los saberes, luchas, necesidades y deseos colectivos. Por tanto, proyectos que solo podrían llevarse adelante y hacerse efectivos si implantamos un esquema despótico sobre el trabajo, cosa que sería el fin de la revolución misma; una sencilla estupidez siquiera plantearlo.
No dejemos de lado que tenemos hoy en día una situación muy particular que nos obliga por demás a tomar decisiones urgentes. El capitalismo global entra en una fase crítica y recesiva producto de las distorsiones financieras que impuso el neoliberalismo sobre los procesos de acumulación y concentración monopólica de la riqueza esta vez a nivel global. Más allá de los destinos de esta situación frente a los cuales también caben muchas opiniones y controversias, el hecho es que a partir del próximo año para nosotros como parte de ese sistema-mundo del capitalismo, se acabaron los paraísos presupuestarios donde de hecho se trabajó con un doble presupuesto: uno fijo y ordinario, calculado a un precio del petróleo mínimo y otro casi del mismo tamaño en cifras absolutas, basado en un superávit petrolero destinado en principio a la inversión social, productiva y de infraestructuras. Sin caer en catastrofismos bien podemos advertir que a partir del próximo año ese superávit si no desaparece al menos es evidente que se va a reducir en forma drástica. Obviamente son muchas las obligaciones en el orden de la utilización concreta de los recursos fiscales que se imponen, pero además de ello, es el momento también de darle la oportunidad al no-estado, al no-capital, al trabajo vivo y productivo, al pueblo organizado y rebelde, para que tome las riendas del proceso revolucionario. Han sido casi diez años donde –quitando los años defensivos de conspiración y saboteo fascista- no se ha podido cambiar al menos en amplias y significativas zonas de vida social y productiva el viejo esquema del capitalismo rentista, populista, oligárquico y dependiente, por las razones ya explicada. Simplemente se ha “asistido” mas al pueblo, se han emprendido algunas obras importantes pero que han costado muy muy caras, y se han abierto compuertas innegables de libertad, derechos y participación, propias de una sociedad democrática sin más. Pues bien pensamos que llegó el momento exacto por razones internas y externas para romper por completo con los hábitos que tienen enfermo este proceso. Donde muchísimo más se puede hacer con mucho menos dinero (y mucho menos mafioso que termine deglutándolo), y sobretodo, se empiecen a liberar amplias zonas productivas y territoriales del yugo absoluto del imperio capitalista en todas sus versiones y dimensiones como de sus agentes transnacionales, nacionales o nacionalizados también en todas sus versiones y dimensiones, mafiosas y legales.
Estamos hablando entonces de hacer del proyecto socialista un auténtico proyecto anticapitalista y no simplemente distributivo, mucho menos demagógico y populista, que convoque todos los saberes, voluntades, capacidades, experiencias, ideas, sueños, que están regados por toda la sociedad. Hechos presentes muchísimas de las luchas concretas emprendidas en estos años, y que ya son patrimonio de una clase trabajadora que en la forma suigéneris en que esto se da dentro de las periferias del capitalismo central, ella también se ha socializado, se ha cualificado y sobretodo se ha politizado en franjas muy importantes. Una convocatoria que vaya hacia la concreción de proyectos societarios concretos, ayudados técnica y financieramente por el estado.
Posibilidades hay millones todavía, tenemos el contexto político que guarda gran parte de su calor, movilidad y esperanza original (es lo mas importante), tenemos los recursos financieros mínimos indispensables, tenemos la infraestructura necesaria, un nivel instrumental y técnico con que contar que no es desdeñable, tenemos los recursos naturales de sobra, tenemos un mundo profesionalizado, técnico o simplemente enriquecido por la experiencia laboral y comunitaria de vida que ya es muy importante, tenemos además una parte de la juventud dispuesta a salir de la tragedia de la improductividad y el parasitismo en que la condena el capitalismo de hoy y a hacer el sacrificio de enseñarse y aprender viviendo experiencias materiales de la ruptura con el viejo sistema. Tenemos aún un mundo mucho mayor que podría salir de su no-ser, de su condición pasiva y consumista, de su hambre también, que podría ganarse a la plena participación si se van concretando los proyectos de sueño y libertad cumplida. En fin, indistintamente de los miles de vicios y debilidades que tampoco nos faltan, aún estamos en condiciones de dar un salto gigantesco si hay voluntad política y si superamos la fiesta politiquera por fuera y el gerentismo burocrático interno que se ha sembrado en este proceso. No intentarlo al menos con tantas condiciones actuales a la mano no es distinto a un acto de traición hacia nosotros mismos y hacia tantos pueblos que todavía ven en nosotros un ejemplo y una posibilidad real de liberación.
Para terminar entonces con esta carta ya entrando en el orden de las propuestas:
-Se impone para el desarrollo del plan dirigido al desarrollo concreto de todo un tejido socializante de producción y reproducción de la riqueza invertir por completo el modelo jerárquico, ostracista, gerencialista y burocrático impuesto. Mas que “pensar” en abstracto y fuera de los contextos reales de producción política, económica, cultural, de resistencia, de las clases trabajadoras, campesinas, indígenas, etc, proyectos “socialistas”, es imprescindible que:
Primero, se haga una amplia verificación o catastro de proyectos socialistas, vistos sus sujetos concretos y potencialidades en todo el país, haciendo de ellos el punto de partida para el desarrollo de todo el plan productivo y socialista, donde sin duda no se descubrirán doscientas sino un número mucho mayor de posibilidades en vista a los incontables proyectos que se han quedado en el papel, en la promesa, estancados en situaciones de indefinición total dentro de los famosos “modelos cogestionarios” o simplemente aplastados por la complacencia con el patrón y el saboteo sindical y burocrático como es el caso de Sanitarios Maracay, entre otros. Proponemos como modelo genérico y de transición mientras no exista un orden legal preciso en lo que respecta a la propiedad social y común, que la propiedad de estas empresas sea de carácter público, es decir del estado, pero que sean dadas en concesión bajo contraloría social y de gobierno. Esto quiere decir que se profundice en todas sus formas y de acuerdo a la realidad de cada contexto el modelo del control obrero y social de empresas que son públicas formalmente pero en la práctica pasan enteramente a propiedad y gerencia del común.
Segundo, que sobre este primer universo de proyectos, se planifique desde la base, desde el espacio popular mismo, el desarrollo de otros proyectos y empresas que vayan paulatinamente llenando los huecos aguas arriba y aguas abajo de todas las áreas de producción emprendidas o de nuevas áreas de acuerdo a las necesidades nacionales sobre las cuales se priorice y se discuta en forma pública y transparente. No queremos sobreestimar posibilidades, pero es evidente que el papelito de importadores y comerciantes de oficio que nos han impuesto uno y otro modelo de dominación, a estas alturas no sólo esta agotado por entero sino que nos ahoga en la “imbecilidad aprendida” de la cual no hemos salido después de diez años de “proceso”. Estamos seguros que bajo la modalidad de un diálogo abierto y realmente revolucionario entre gobierno y clases trabajadoras podemos convocar a cientos de miles de trabajadores, técnicos, profesionales, investigadores e incluso pequeños y medianos empresarios, y poner sobre sus hombros proyectos y metas de producción de un sinfín de insumos que estamos en plena posibilidad de cumplir, partiendo de necesidades, experiencias y sueños y no de de la lógica de mercado. Proyectos que necesitan visualizar posibilidades de alianza y transferencia tecnológica con cualquier parte del mundo, de países sureños y norteños, del tercer, segundo y primer mundo, porque en todos ellos hay hoy en día una multitud de saberes y emprendimientos concretos en manos de una nueva clase trabajadora o de pequeños empresarios, no muy diferenciados objetivamente a los primeros, que tienden a liberarse de las redes del capital monopólico o que aún no han sido absorbidos por el vampirismo de las empresas transnacionales y las oligarquías nacionales. Podemos sin duda aprovechar escenarios como el ALBA o incluso Mercosur para hacer esto, no bajo la fórmula mercantilizante de las “ruedas de negocios” sino del acercamiento clasista entre núcleos cooperativos y socializantes del trabajo cuyo espacio en el campo nuestramericano es ya muy amplio. Estamos seguros que bajo una planificación y dedicación sin pausa podemos en pocos años cambiar por completo la faz de nuestra sociedad, teniendo la posibilidad de adelantar escenarios de producción social de la más simple a la más compleja tecnología, liberándonos no solo como trabajadores en sí sino del orden de conocimiento y modelos de desarrollo que siguen inalterados.
Tercero: Consideramos imprescindible que el proceso de liberación del trabajo no sea externo al propio proceso popular y constituyente que en estos momentos se desarrolla en cualquier cantidad de territorios y espacios, dando nacimiento a nuevas relaciones de poder a travesadas por los códigos propios de una democracia revolucionaria. Se hace imprescindible ir creando los escenarios factibles para que estos espacios integrados en centenares de corredores territoriales dejen de vivir una relación de dependencia parasitaria con el presupuesto de estado como es actualmente el caso de los consejos comunales. Toda esta cantidad de proyectos productivos posibles, unidos al desarrollo de comunas libres y autónomas en su constitución y ejercicio, integradas a estos corredores territoriales, pueden perfectamente ser la base material de una nueva república socialista. Fusionada una cosa con otra de hecho muchas comunidades empezarán a desarrollarse a partir de los excedentes que dejen estas empresas, implementando su propio proyecto de “república libre e igualitaria”, haciendo de ellas verdaderas “comunas” donde empecemos a palpar integralmente lo que es el autogobierno del pueblo en el plano político y productivo. Tomando el caso de las salinas de Araya por ejemplo, empresa tomada en estos momentos por los trabajadores y que hasta unas semanas funcionaba como uno de los tantos guisos mafiosos del gobernador Ramón Martínez, de formarse una eventual “Comuna de Araya”, ella como empresa se puede desarrollar plenamente bajo control obrero, pero al mismo tiempo parte importante de sus excedentes pueden recaer en manos directas, incluida la distribución nacional de la sal, de esta comuna la cual se desarrollaría social, cultural y económicamente sin depender en forma absoluta del presupuesto de estado. Casos como estos podemos emprender en todo el país, teniendo como condición la voluntad política de gobierno y la maduración de las condiciones socio-políticas necesarias en cada territorio.
Incluso, la multiplicación de este tipo de realidades nos dará la posibilidad de ir creando las bases de una legalidad y una economía socialista creadas por los mismos “comuneros” que irán apartándose de los formalismos opresores del estado burgués. Igualmente podemos prever que la suma de estas realidades en sí mismas van a ir generando una nueva territorialidad revolucionaria totalmente inédita, con modelos constituyentes propios de integración entre sí y de relación con el continente y el mundo.
Cuarto: No podemos dejar de precisar que estamos partiendo de un presupuesto básico propio de la rebeldía del siglo XXI. Ya no podemos contar con modelos que predefinen los pasos a dar desde un determinado proceso revolucionario. La ciencia política de la transición hoy en día sólo puede contar con el ejemplo y el referente que van dejando los actos políticos concretos que determinadas colectividades de manera singular van emprendiendo. Podemos sin duda mapear los grandes trazados de un proceso y dejarlos plasmados en documentos consensuales como es el caso del Proyecto Simón Bolívar. No obstante ninguna visión totalizante por más completa que sea puede sustituir el acto mismo del quehacer revolucionario colectivo. Es sobre estos actos que se dibuja la nueva ciencia revolucionaria, visualizándose su verdadero programa y el verdadero y concreto sujeto de la revolución. En base a este principio queremos proponer la formación de una vasta red de investigación-acción que incluya muchachos y muchachas de liceos, mucha juventud, a partir de la cual podamos ir descubriendo, aprendiendo, proyectando, realizando, innumerables proyectos que tienen que ver directamente con las luchas, las necesidades y la creación política que de manera permanente viene generándose y abriéndose nuevas posibilidades fuera de la lógica del orden burgués y colonizante que aún nos domina. Otra universidad, otra política, volviendo por todos los caminos.
domingo, 9 de noviembre de 2008
Nuestro país y la resistencias populares (la urgencia de otra política)
Roland Denis
Cuando recorremos caminos, reencontrando gentes que no dejan de hacer lo de siempre: luchar por lo nuestro, por la causa libertaria de los pueblos, de hecho cambia totalmente el dibujo de lo que está pasando por nuestro país. Muy lejos queda esa minúscula visión -alimentada por infinidades de seres que al menos sabemos poner dos frases escritas juntas- de creer que aquí la pelea se puede dibujar como una épica entre dos grandes batallones político-electorales uno de franela azul y amarilla representando la reacción y el imperio, y otra de franela roja representando la causa popular y revolucionaria. La vivencia y perspectiva de estos sitios y sus buenas gentes nos dice en síntesis de síntesis que lo que está pasando es que a esta tierra nuestra la están saqueando como nunca y con el permiso estatal del color que sea. Pero así mismo, hay un ejército de noblezas realmente patrióticas y dignas que nuevamente comienzan a disponerse a dar la pelea que hay que dar: derrotar de una vez por todas a la miserable oligarquía explotadora, los vampiros imperialistas que la comandan y la desgraciada burocracia politiquera que la legitima atragantándose la otra parte de la renta de estado que no cae ni en manos burguesas ni en los repartos asistenciales del estado que llegan a algún lugar útil al menos; un pueblo insumiso que se dispone a construir una nueva colectividad que se emancipe de estas lacras, de su opresión y su impune destrucción.
Corroborando esta visión en una de las tantas tesis de doctorado que hoy se hacen sobre Venezuela un investigador (a quien no tengo permiso de nombrar) ha calificado el oriente venezolano como la nueva invasión “al medio oeste”, esta vez en el norte de Suramérica. Y en efecto, millonadas de dinero limpio y sucio (a la final son los mismos los que lo tienen), nacionales y extranjeros, ayudados por todo tipo de supercréditos públicos y privados (ahora les dieron mil millones de dólares mas para que se calmen por unos meses), se han trasladado en estos últimos años hacia el oriente violentando lo que sea, buscando su cercanía y fusión con las inmensas riquezas de gas, petróleo, minerales, minerales preciosos, aguas, selvas, tierras, mares, bellezas turísticas, posición estratégica hacia el atlántico y caribe, etc, y que ya se constituyen en la base material del desarrollo –mejor decir saqueo- del siglo XXI.
Si de neoliberalismo hablamos podemos decir que sobre este inmenso espacio que cubre más de la mitad del país se impone y despliega en forma abierta su fórmula más salvaje. Observando lo que ha sido el crecimiento geométrico de cuidades pico como lo son Maturín, Punta de Mata, El Tigre, Puerto Ordaz, Puerto La Cruz, Guiria, Porlamar, Carúpano, constatamos que efectivamente allí se repite el cuento de siempre en versión del siglo XXI. Aparecen inmensas avenidas llenas en sus bordes de todo tipo de supertiendas y centros comerciales, todas dedicadas a la venta automotriz, repuestos, mas todo tipo de productos superfluos e importados. No hay transporte público, el que no tenga carro le toca mendigar su desplazamiento. Los centros históricos de las ciudades desaparecen para darle chance a la destrucción sistemática de toda belleza y memoria por parte de las redes de capitales usureros principalmente chinos y árabes. Donde compiten por la apropiación del espacio inmensos consorcios de inversión inmobiliaria para la clase alta y media (lavadoras de dineros por lo general), mientras en sus bordes se juntan uno tras otro, depósitos humanos concentrados, síntesis de materia viva y muerta que sirven en última instancia de bancos de basura o de trabajo barato listos para servirles al precio que fuere a los nuevos amos del territorio. Poblaciones nacionales y nuestramericanas que la ola del salvajismo capitalista y su nuevo modelo de división internacional de trabajo, terminó por arrojarlos hacia ese “nuevo oeste” del continente americano. Pero estas son solo las ciudades en su fachada, que viven de las riquezas concentradas en sus periferias, multiplicándose en su interno a través del comercio y el capital financiero. Para muchas de ellas se trata principalmente del petróleo y el gas sumados los suculentos contratos de servicio de toda índole que absorben todo un universo de capitales parasitarios del propio petróleo. Llegan a ser varias decenas de miles de millones bolívares diarios los dineros puestos en los bolsillos de estos seres mientras se desmorona el salario del trabajador petrolero, impuesto por la cúpula sindical manejada por el ministro Ramírez y la FBT.
Les siguen dentro de la franja de industrias básicas toda una casta tecnocrática ligada directamente a los monopolios transnacionales y las “contratas” que han tomado en sus manos una industria básica “nacionalizada”, absolutamente inútil a cualquier forma de desarrollo real (ej: con el aluminio producido aquí no se produce ni un ventilador que sirva de valor agregado) –no hablemos de liberación del trabajo que son palabras mayores- que solo subsiste para sostener sus propios intereses millonarios y por supuesto los de un mercado internacional que compra esa materia básica producida a precio regalado, garantizada en última instancia por un ejército de trabajadores subcontratados por algo muy cercano al sueldo mínimo. El alzamiento de los sidoristas es solo un síntoma dentro de un inmenso charco explotador al servicio de la usura tecnocrática, monopólica y transnacional.
Seguimos por el sur de Orinoco y vemos como el panorama minero e indígena está mucho peor de hace trece años. Después de la rebelión minera del 95 al menos se empezaron a recuperar grandes espacios para la disposición amplios proyectos de producción controlada y cooperativa del oro. Pero en estos momentos, luego de ser derrotada esta primera oleada rebelde, se extienden por la zona del Cuyuní hasta la Gran Sabana el saqueo de los bosques, la apropiación de mafias y compañías transnacionales del oro y diamante, el asesinato y la represión combinada por parte del Ejército, Guardia Nacional y paramilitares del minero despojado (ayer asesinaron por la espalda a Alexander líder minero de Las Claritas), sumando a ello la “liberación” de una inmensa ruta área y terrestre narcotraficante. Las comunidades indígenas siguen en la misma, aplastadas culturalmente y materialmente por la presencia de “nuevas tribus” y cuanto veneno evangélico se riega por estos territorios, perfectos islotes de penetración imperialista, mientras los rebeldes siguen aislados, traicionados por unos “representantes indígenas bolivarianos” que en la Asamblea Nacional no ha hecho otra cosa que blanquear sus pieles y limpiar sus bolsillos de toda honestidad y compromiso con los suyos. Por el lado de La Paragua, luego del contundente fracaso de la “reconversión minera”, cuyos dineros quedaron en manos de amigos, cuadrillas de mineros tratan de recoger lo que pueden escondidos para sobrevivir mientras ven pasar maquinarias y aviones a su libre albedrío hacia dos grandes superterritorios concedidos a mafiosos protegidos por capos militares y de gobierno: las conseciones del “turco” y el “angolés”. Son miles de millones de dólares que allí se pierden en contrabando de minerales preciosos. Ni hablar de la zona propiamente industrializada de grandes minas dadas en concesión a privados donde someten a los trabajadores a relaciones casi esclavistas, de descarada violación de sus derechos humanos y laborales, sumados sus respectivos desastres ambientales; hablamos principalmente de las minas de El Callao hasta Tumeremo. Y que ni se nos ocurra hablar de agricultura que no se está haciendo nada; “La Bergareña” gigantesca hacienda expropiada a terratenientes es hoy un terraplén de monte y culebra. ¿Y los verdaderos luchadores sociales en esta zona, muchas mujeres entre ellos con ocho hijos encima y sin trabajo?. Dur@s en una lucha donde no se rinden, dign@s como nunca, pero en la indigencia. Claro, mientras tanto el jefe-representante de todas las patrañas, “mi general” Rangel Gómez, es nuevamente candidato por la épica bolivariana y revolucionaria en el estado Bolívar, seguido por una cuerda de escuálidos que ya parecen hijos de él y de su ejemplo, entre ellos los consecuentes patriotas Andrés Velásquez y Rojas Suárez.
Brinquemos rápido hacia Sucre y Nueva Esparta y nuevamente allí están como caimán en boca de caño polítiqueros e inversionistas. Sabemos que la pesca industrial está destrozada en un ochenta por ciento, con superfortunas que se han hecho explotando el trabajo de miles de trabajadores pesqueros en mar abierto y luego exportadas al exterior en dólares, aprovechando lo que les queda de vacío en la proa para el contrabando de gasoil y el narcotráfico. ¿Quién lo permite?, El gobernador Martinez y la Guardia creo que tienen mucho que decir. Ahora empresas como “Festun” o algo parecido comienzan a revelarlas, como segmentos de la “boliburguesía” que forzan su turno al bate en el saqueo comprando en buques lo que sea y apropiándose de rutas y de proyectos de grandes centros de acopio y procesamiento del pescado (principalmente el atún y la sardina), pensados por los mismos pescadores en su ilusión de convertirlos en grandes expresas asociativas y socialistas; cosa que por la vía de la “expropiación del conocimiento socializado”, estos “socialistas” ahora pretenden tomar para sí. Pero lo cierto es que mientras tanto en mas de quince años no se ha construido un solo barco de importancia en este país, mientras los grandes astilleros parecen basureros de maquinas comidas por el salitre y el INEA (Instituto Nacional de Espacios Acuáticos) no ha rendido una sola cuenta de los 700 mil millones que se le dieron para la reactivación de la industria pesquera (denuncia hecha por Aipo arrinconada entre las papeleras de la Físcalía General)…¿y por cierto dónde está una suma parecida que le dieron al excelentísmo camarada-oficial Rotondaro para la reconstrucción de los hospitales del Seguro Social? (la denuncia corre igual por los hombros de Aipo)…
Entre tanto la pesca artesanal resiste, chantajeada abiertamente por las rutas del narcotráfico y combustibles, en la península de Paria (el que no cede una lancha de dos motores o se la queman o le prenden la espalda con dos tiros). Nadie dice nada. Por su lado en Margarita nos encontramos con la continuidad de un proyecto que ha intentado por décadas convertir a los margariteños en un pueblo “palestino” dentro de su tierra; y lo están logrando. Hordas capitalistas inmobiliarias, turísticas y comerciales se multiplican tomando en sus manos las playas mas bellas del caribe, dejando arrinconados a mas de 20 mil pescadores artesanales, eje ordenador junto al cacao de toda la cultura popular del nororiente y de toda su economía. En los últimos meses un tal consorcio llamado “marenostrum” pretende privatizar y arrasar con los todos los morros y puertos artesanales aún libres entre Bella Vista, Porlamar y Pampatar para hacer de toda esa costa un nuevo Acapulco dispuesto a cobijar el turismo mas exquisito del mundo con un “monorriel” que atravesaría todas las playas y un sin fin de otras asquerosidades dispuestas en su fabuloso proyecto.
¿Y entre tanto que pasa con la “revolución”?. En situaciones como la de oriente es donde puede verse con mayor claridad que la política sometida a los vaivenes de una burocracia absolutamente ajena a la lucha popular lo más que puede lograr es que esta no se manifieste sino como la respuesta desesperada de quien va a la cola del ratón. En el mejor de los casos, tapareando los desastres que el saqueo capitalista va dejando en todos lados y con una libertad envidiable aunque no dejan de estar asustadísimos con este “comunismo” Chávez. Consejos Comunales y colectividades militantes al quedar atrapadas en este “dejar hacer” ultraliberal y ultracorrupto, lo mas que pueden hacer es mantener la presión continua en función de lograr espacios de decisión compartidos y migajas presupuestarias que les permita salir de la pura indigencia, reparar infraestructuras en sus barrios y promover pequeños proyectos productivos, comunicacionales, culturales que les permita respirar económica y políticamente. Sin embargo, la lógica de todo esto es totalmente perversa ya que el desastre capitalista y su rueda perpetua de “inversión-saqueo” supera descomunalmente las capacidades de reparo y de sueños alternativos que giran alrededor de la ultraburocratizada relación entre el estado y los poderes populares. Finalmente lo que terminamos creando es una nueva capa social “rojo-rojita” que se acostumbra a este status quo del liberalismo bolivariano quedando entre los incluidos en última instancia dentro de sus beneficios. Se hace propaganda de ello llamándolo “prueba de socialismo”, y por debajo que continúe el saqueo.
Frente a este panorama es sólo la resistencia popular más decidida la que ha podido al menos hacer constancia de un planteamiento revolucionario vigente que intentan destrozar todos los frentes económicos y políticos del poder constituido. Por lo general se trata de situaciones muy duras y de las que nadie quiere hablar como es el caso de las comunidades mineras de Las Claritas donde todos los brotes de resistencia han pasado a convertirse en perseguidos por tribunales y militares. De movimientos obreros en Guayana que superan el sindicalismo anquilosado multiplicando colectivos de presión a favor del control obrero de las industrias básicas. De los frentes petroleros en Anzoátegui que han dado la batalla bajo la dirección de la tendencia liderizada por C-CURA. De comunidades ya hartas de despojo como es el caso de los trabajadores de las salinas de Araya que finalmente se alzaron. De los obreros de la central azucarera de Cumanacoa y su ejemplar desenvolvimiento de integración popular y freno a la toda burocracia capitaneada por la CVA. De un conjunto de movimientos populares y sindicales en Cumaná que giran alrededor de los sectores pesqueros y de astilleros mas combativos y que ya hablan en lenguaje propio, desde una política y una revolución propia. Llegamos a Margarita y vemos el resurgir de un movimiento de pescadores que en estos días acaban de promover la “Declaración de Playa Moreno”, iniciando lo que puede llegar a ser una batalla histórica en contra de las mafias capitalistas del Caribe.
Faltarían muchos otros ejemplos. Algunos por seguridad es bueno ni siquiera nombrar. Lo cierto es que hay todo un mundo de luchas en el oriente del país que no se cala este destino de “Far West” criollo que le tienen prescrito, avanzando hacia lo que hemos denominado “Otra Política”. Una política que se fragua a partir de un “nosotros” que se asienta de lleno y sin conseciones dentro del derrotero emancipativo que dicta la propia verdad colectiva. Que empieza a registrar otra realidad totalmente distinta a la estructurada por “el orden”, sus leyes, sus partidos, sus intereses, sus personajes, sus engaños socialistas o capitalistas. Es “otra geografía”, “otro orden”, “otra organización”, “otra política” en definitiva, cuyo interés se centra en el registro concreto de los espacios de libertad y igualdad que se vayan alcanzando contra todo el orden de saqueo y desigualdades que nos quieren imponer burócratas, representantes y capitalistas. Esa “otra construcción” es su verdadera carta de lucha. Es la auténtica revolución aprendiendo de sí misma en el único lugar donde es posible construir una verdadera ciencia de la liberación: el pensar-haciendo de la lucha popular.
En la propia declaración de Playa Moreno se habla al final de la constitución del “corredor marítimo de lucha del caribe”. ¡Que preciosa! forma de reubicar un tiempo y un espacio de lucha totalmente nuevo donde se unen nuestros pueblos caribeños a partir de lo que le es mas caro: nuestro mar, que es en definitiva toda la génesis de nuestra historia y en particular de nuestra historia rebelde. Construyendo ese corredor entre las costas de Sucre, Nueva Esparta, Anzoátegui, articulando gentes y comunidades de la tierra y el mar que quieran desprenderse finalmente de la colonización que nos han impuesto el dinero y sus fachadas políticas, poniéndole freno definitivo al desastroso modelo de desarrollo que sigue estando espantosamente vivo. Allí sí estamos en posibilidades de cantar la hora revolucionaria y libertaria. Y si en algo este proceso nos ha dado fuerzas es en afianzar la decisión de unos cuantos miles por lograrla a como de lugar. Finalizando mis felicitaciones y agradecimiento por su ejemplo a los compañer@s de la Red Cardumen de Margarita, plataforma comunicacional que supo alejarse del mercado de las prebendas burocráticas y corporativas que todavía hoy quieren destrozarla y ponerse al frente de la reconstrucción del tejido militante y libertario del caribe.
Roland Denis
Cuando recorremos caminos, reencontrando gentes que no dejan de hacer lo de siempre: luchar por lo nuestro, por la causa libertaria de los pueblos, de hecho cambia totalmente el dibujo de lo que está pasando por nuestro país. Muy lejos queda esa minúscula visión -alimentada por infinidades de seres que al menos sabemos poner dos frases escritas juntas- de creer que aquí la pelea se puede dibujar como una épica entre dos grandes batallones político-electorales uno de franela azul y amarilla representando la reacción y el imperio, y otra de franela roja representando la causa popular y revolucionaria. La vivencia y perspectiva de estos sitios y sus buenas gentes nos dice en síntesis de síntesis que lo que está pasando es que a esta tierra nuestra la están saqueando como nunca y con el permiso estatal del color que sea. Pero así mismo, hay un ejército de noblezas realmente patrióticas y dignas que nuevamente comienzan a disponerse a dar la pelea que hay que dar: derrotar de una vez por todas a la miserable oligarquía explotadora, los vampiros imperialistas que la comandan y la desgraciada burocracia politiquera que la legitima atragantándose la otra parte de la renta de estado que no cae ni en manos burguesas ni en los repartos asistenciales del estado que llegan a algún lugar útil al menos; un pueblo insumiso que se dispone a construir una nueva colectividad que se emancipe de estas lacras, de su opresión y su impune destrucción.
Corroborando esta visión en una de las tantas tesis de doctorado que hoy se hacen sobre Venezuela un investigador (a quien no tengo permiso de nombrar) ha calificado el oriente venezolano como la nueva invasión “al medio oeste”, esta vez en el norte de Suramérica. Y en efecto, millonadas de dinero limpio y sucio (a la final son los mismos los que lo tienen), nacionales y extranjeros, ayudados por todo tipo de supercréditos públicos y privados (ahora les dieron mil millones de dólares mas para que se calmen por unos meses), se han trasladado en estos últimos años hacia el oriente violentando lo que sea, buscando su cercanía y fusión con las inmensas riquezas de gas, petróleo, minerales, minerales preciosos, aguas, selvas, tierras, mares, bellezas turísticas, posición estratégica hacia el atlántico y caribe, etc, y que ya se constituyen en la base material del desarrollo –mejor decir saqueo- del siglo XXI.
Si de neoliberalismo hablamos podemos decir que sobre este inmenso espacio que cubre más de la mitad del país se impone y despliega en forma abierta su fórmula más salvaje. Observando lo que ha sido el crecimiento geométrico de cuidades pico como lo son Maturín, Punta de Mata, El Tigre, Puerto Ordaz, Puerto La Cruz, Guiria, Porlamar, Carúpano, constatamos que efectivamente allí se repite el cuento de siempre en versión del siglo XXI. Aparecen inmensas avenidas llenas en sus bordes de todo tipo de supertiendas y centros comerciales, todas dedicadas a la venta automotriz, repuestos, mas todo tipo de productos superfluos e importados. No hay transporte público, el que no tenga carro le toca mendigar su desplazamiento. Los centros históricos de las ciudades desaparecen para darle chance a la destrucción sistemática de toda belleza y memoria por parte de las redes de capitales usureros principalmente chinos y árabes. Donde compiten por la apropiación del espacio inmensos consorcios de inversión inmobiliaria para la clase alta y media (lavadoras de dineros por lo general), mientras en sus bordes se juntan uno tras otro, depósitos humanos concentrados, síntesis de materia viva y muerta que sirven en última instancia de bancos de basura o de trabajo barato listos para servirles al precio que fuere a los nuevos amos del territorio. Poblaciones nacionales y nuestramericanas que la ola del salvajismo capitalista y su nuevo modelo de división internacional de trabajo, terminó por arrojarlos hacia ese “nuevo oeste” del continente americano. Pero estas son solo las ciudades en su fachada, que viven de las riquezas concentradas en sus periferias, multiplicándose en su interno a través del comercio y el capital financiero. Para muchas de ellas se trata principalmente del petróleo y el gas sumados los suculentos contratos de servicio de toda índole que absorben todo un universo de capitales parasitarios del propio petróleo. Llegan a ser varias decenas de miles de millones bolívares diarios los dineros puestos en los bolsillos de estos seres mientras se desmorona el salario del trabajador petrolero, impuesto por la cúpula sindical manejada por el ministro Ramírez y la FBT.
Les siguen dentro de la franja de industrias básicas toda una casta tecnocrática ligada directamente a los monopolios transnacionales y las “contratas” que han tomado en sus manos una industria básica “nacionalizada”, absolutamente inútil a cualquier forma de desarrollo real (ej: con el aluminio producido aquí no se produce ni un ventilador que sirva de valor agregado) –no hablemos de liberación del trabajo que son palabras mayores- que solo subsiste para sostener sus propios intereses millonarios y por supuesto los de un mercado internacional que compra esa materia básica producida a precio regalado, garantizada en última instancia por un ejército de trabajadores subcontratados por algo muy cercano al sueldo mínimo. El alzamiento de los sidoristas es solo un síntoma dentro de un inmenso charco explotador al servicio de la usura tecnocrática, monopólica y transnacional.
Seguimos por el sur de Orinoco y vemos como el panorama minero e indígena está mucho peor de hace trece años. Después de la rebelión minera del 95 al menos se empezaron a recuperar grandes espacios para la disposición amplios proyectos de producción controlada y cooperativa del oro. Pero en estos momentos, luego de ser derrotada esta primera oleada rebelde, se extienden por la zona del Cuyuní hasta la Gran Sabana el saqueo de los bosques, la apropiación de mafias y compañías transnacionales del oro y diamante, el asesinato y la represión combinada por parte del Ejército, Guardia Nacional y paramilitares del minero despojado (ayer asesinaron por la espalda a Alexander líder minero de Las Claritas), sumando a ello la “liberación” de una inmensa ruta área y terrestre narcotraficante. Las comunidades indígenas siguen en la misma, aplastadas culturalmente y materialmente por la presencia de “nuevas tribus” y cuanto veneno evangélico se riega por estos territorios, perfectos islotes de penetración imperialista, mientras los rebeldes siguen aislados, traicionados por unos “representantes indígenas bolivarianos” que en la Asamblea Nacional no ha hecho otra cosa que blanquear sus pieles y limpiar sus bolsillos de toda honestidad y compromiso con los suyos. Por el lado de La Paragua, luego del contundente fracaso de la “reconversión minera”, cuyos dineros quedaron en manos de amigos, cuadrillas de mineros tratan de recoger lo que pueden escondidos para sobrevivir mientras ven pasar maquinarias y aviones a su libre albedrío hacia dos grandes superterritorios concedidos a mafiosos protegidos por capos militares y de gobierno: las conseciones del “turco” y el “angolés”. Son miles de millones de dólares que allí se pierden en contrabando de minerales preciosos. Ni hablar de la zona propiamente industrializada de grandes minas dadas en concesión a privados donde someten a los trabajadores a relaciones casi esclavistas, de descarada violación de sus derechos humanos y laborales, sumados sus respectivos desastres ambientales; hablamos principalmente de las minas de El Callao hasta Tumeremo. Y que ni se nos ocurra hablar de agricultura que no se está haciendo nada; “La Bergareña” gigantesca hacienda expropiada a terratenientes es hoy un terraplén de monte y culebra. ¿Y los verdaderos luchadores sociales en esta zona, muchas mujeres entre ellos con ocho hijos encima y sin trabajo?. Dur@s en una lucha donde no se rinden, dign@s como nunca, pero en la indigencia. Claro, mientras tanto el jefe-representante de todas las patrañas, “mi general” Rangel Gómez, es nuevamente candidato por la épica bolivariana y revolucionaria en el estado Bolívar, seguido por una cuerda de escuálidos que ya parecen hijos de él y de su ejemplo, entre ellos los consecuentes patriotas Andrés Velásquez y Rojas Suárez.
Brinquemos rápido hacia Sucre y Nueva Esparta y nuevamente allí están como caimán en boca de caño polítiqueros e inversionistas. Sabemos que la pesca industrial está destrozada en un ochenta por ciento, con superfortunas que se han hecho explotando el trabajo de miles de trabajadores pesqueros en mar abierto y luego exportadas al exterior en dólares, aprovechando lo que les queda de vacío en la proa para el contrabando de gasoil y el narcotráfico. ¿Quién lo permite?, El gobernador Martinez y la Guardia creo que tienen mucho que decir. Ahora empresas como “Festun” o algo parecido comienzan a revelarlas, como segmentos de la “boliburguesía” que forzan su turno al bate en el saqueo comprando en buques lo que sea y apropiándose de rutas y de proyectos de grandes centros de acopio y procesamiento del pescado (principalmente el atún y la sardina), pensados por los mismos pescadores en su ilusión de convertirlos en grandes expresas asociativas y socialistas; cosa que por la vía de la “expropiación del conocimiento socializado”, estos “socialistas” ahora pretenden tomar para sí. Pero lo cierto es que mientras tanto en mas de quince años no se ha construido un solo barco de importancia en este país, mientras los grandes astilleros parecen basureros de maquinas comidas por el salitre y el INEA (Instituto Nacional de Espacios Acuáticos) no ha rendido una sola cuenta de los 700 mil millones que se le dieron para la reactivación de la industria pesquera (denuncia hecha por Aipo arrinconada entre las papeleras de la Físcalía General)…¿y por cierto dónde está una suma parecida que le dieron al excelentísmo camarada-oficial Rotondaro para la reconstrucción de los hospitales del Seguro Social? (la denuncia corre igual por los hombros de Aipo)…
Entre tanto la pesca artesanal resiste, chantajeada abiertamente por las rutas del narcotráfico y combustibles, en la península de Paria (el que no cede una lancha de dos motores o se la queman o le prenden la espalda con dos tiros). Nadie dice nada. Por su lado en Margarita nos encontramos con la continuidad de un proyecto que ha intentado por décadas convertir a los margariteños en un pueblo “palestino” dentro de su tierra; y lo están logrando. Hordas capitalistas inmobiliarias, turísticas y comerciales se multiplican tomando en sus manos las playas mas bellas del caribe, dejando arrinconados a mas de 20 mil pescadores artesanales, eje ordenador junto al cacao de toda la cultura popular del nororiente y de toda su economía. En los últimos meses un tal consorcio llamado “marenostrum” pretende privatizar y arrasar con los todos los morros y puertos artesanales aún libres entre Bella Vista, Porlamar y Pampatar para hacer de toda esa costa un nuevo Acapulco dispuesto a cobijar el turismo mas exquisito del mundo con un “monorriel” que atravesaría todas las playas y un sin fin de otras asquerosidades dispuestas en su fabuloso proyecto.
¿Y entre tanto que pasa con la “revolución”?. En situaciones como la de oriente es donde puede verse con mayor claridad que la política sometida a los vaivenes de una burocracia absolutamente ajena a la lucha popular lo más que puede lograr es que esta no se manifieste sino como la respuesta desesperada de quien va a la cola del ratón. En el mejor de los casos, tapareando los desastres que el saqueo capitalista va dejando en todos lados y con una libertad envidiable aunque no dejan de estar asustadísimos con este “comunismo” Chávez. Consejos Comunales y colectividades militantes al quedar atrapadas en este “dejar hacer” ultraliberal y ultracorrupto, lo mas que pueden hacer es mantener la presión continua en función de lograr espacios de decisión compartidos y migajas presupuestarias que les permita salir de la pura indigencia, reparar infraestructuras en sus barrios y promover pequeños proyectos productivos, comunicacionales, culturales que les permita respirar económica y políticamente. Sin embargo, la lógica de todo esto es totalmente perversa ya que el desastre capitalista y su rueda perpetua de “inversión-saqueo” supera descomunalmente las capacidades de reparo y de sueños alternativos que giran alrededor de la ultraburocratizada relación entre el estado y los poderes populares. Finalmente lo que terminamos creando es una nueva capa social “rojo-rojita” que se acostumbra a este status quo del liberalismo bolivariano quedando entre los incluidos en última instancia dentro de sus beneficios. Se hace propaganda de ello llamándolo “prueba de socialismo”, y por debajo que continúe el saqueo.
Frente a este panorama es sólo la resistencia popular más decidida la que ha podido al menos hacer constancia de un planteamiento revolucionario vigente que intentan destrozar todos los frentes económicos y políticos del poder constituido. Por lo general se trata de situaciones muy duras y de las que nadie quiere hablar como es el caso de las comunidades mineras de Las Claritas donde todos los brotes de resistencia han pasado a convertirse en perseguidos por tribunales y militares. De movimientos obreros en Guayana que superan el sindicalismo anquilosado multiplicando colectivos de presión a favor del control obrero de las industrias básicas. De los frentes petroleros en Anzoátegui que han dado la batalla bajo la dirección de la tendencia liderizada por C-CURA. De comunidades ya hartas de despojo como es el caso de los trabajadores de las salinas de Araya que finalmente se alzaron. De los obreros de la central azucarera de Cumanacoa y su ejemplar desenvolvimiento de integración popular y freno a la toda burocracia capitaneada por la CVA. De un conjunto de movimientos populares y sindicales en Cumaná que giran alrededor de los sectores pesqueros y de astilleros mas combativos y que ya hablan en lenguaje propio, desde una política y una revolución propia. Llegamos a Margarita y vemos el resurgir de un movimiento de pescadores que en estos días acaban de promover la “Declaración de Playa Moreno”, iniciando lo que puede llegar a ser una batalla histórica en contra de las mafias capitalistas del Caribe.
Faltarían muchos otros ejemplos. Algunos por seguridad es bueno ni siquiera nombrar. Lo cierto es que hay todo un mundo de luchas en el oriente del país que no se cala este destino de “Far West” criollo que le tienen prescrito, avanzando hacia lo que hemos denominado “Otra Política”. Una política que se fragua a partir de un “nosotros” que se asienta de lleno y sin conseciones dentro del derrotero emancipativo que dicta la propia verdad colectiva. Que empieza a registrar otra realidad totalmente distinta a la estructurada por “el orden”, sus leyes, sus partidos, sus intereses, sus personajes, sus engaños socialistas o capitalistas. Es “otra geografía”, “otro orden”, “otra organización”, “otra política” en definitiva, cuyo interés se centra en el registro concreto de los espacios de libertad y igualdad que se vayan alcanzando contra todo el orden de saqueo y desigualdades que nos quieren imponer burócratas, representantes y capitalistas. Esa “otra construcción” es su verdadera carta de lucha. Es la auténtica revolución aprendiendo de sí misma en el único lugar donde es posible construir una verdadera ciencia de la liberación: el pensar-haciendo de la lucha popular.
En la propia declaración de Playa Moreno se habla al final de la constitución del “corredor marítimo de lucha del caribe”. ¡Que preciosa! forma de reubicar un tiempo y un espacio de lucha totalmente nuevo donde se unen nuestros pueblos caribeños a partir de lo que le es mas caro: nuestro mar, que es en definitiva toda la génesis de nuestra historia y en particular de nuestra historia rebelde. Construyendo ese corredor entre las costas de Sucre, Nueva Esparta, Anzoátegui, articulando gentes y comunidades de la tierra y el mar que quieran desprenderse finalmente de la colonización que nos han impuesto el dinero y sus fachadas políticas, poniéndole freno definitivo al desastroso modelo de desarrollo que sigue estando espantosamente vivo. Allí sí estamos en posibilidades de cantar la hora revolucionaria y libertaria. Y si en algo este proceso nos ha dado fuerzas es en afianzar la decisión de unos cuantos miles por lograrla a como de lugar. Finalizando mis felicitaciones y agradecimiento por su ejemplo a los compañer@s de la Red Cardumen de Margarita, plataforma comunicacional que supo alejarse del mercado de las prebendas burocráticas y corporativas que todavía hoy quieren destrozarla y ponerse al frente de la reconstrucción del tejido militante y libertario del caribe.
Roland Denis
Una confrontación civilizatoria: El “Yo” del Estado-nación versus el “Nosotros comunitario” de los pueblos indígenas.
José Quintero W.
1.- Un breve relato como punto de partida.
Un día, mi hermano mayor o como se dice en añú: tapañakai, me dijo algo como esto: “Hermano, hoy nadie quiere empezar nada desde cero, todos quieren comenzar desde uno. Pero, todos se equivocan pues, comenzar en uno es como quiera que sea, un comienzo empezado. Comenzar desde cero en cambio, es el comienzo verdadero. ¡Ah, pero qué difícil!”.
Mi hermano es un sencillo veterinario que teme a los perros y, nada sabe de explicar esto que a nosotros ahora, nos interesa aclarar: la diferencia entre la autonomía del “Nosotros comunitario” y la dependencia del “Yo” del Estado-gobierno nacional. Sin embargo, es justo decir que mi hermano siempre supo qué hacer y cómo hacer lo que le correspondía como apañakai de nuestra casa. Quiero decir que, por lo general las cosas que hacemos son acciones que realizamos de acuerdo a lo que somos culturalmente. Así pues, tapañakai, es decir mi hermano mayor, actuó siempre exactamente como tal sin saber que su hacer, explicado a su manera, se correspondía con lo que por miles de años ha sido el hacer de la autonomía nosótrica añú en su común y cotidiana existencia. En fin, mi hermano mayor, es decir tapañakai, siempre actuó tal como la palabra añú dice debe actuar en su condición de ser la mano de la casa.
De esta manera y a partir de la sentencia de mi apañakai, intentaremos en primer lugar, describir las condiciones en que se produce la confrontación civilizatoria que anunciamos en el título del presente trabajo, no sólo desde la argumentación y el análisis estrictamente académico, sino que es de nuestro esencial interés convertir y cargar a nuestro hacer autónomo cotidiano de la potencialidad política de nuestra conciencia, palabra y acción autonómica, o dicho en otras palabras: convertir lo que siempre ha sido nuestro hacer en palabra y acción política para la transformación de nuestra realidad.
Pues, es un hecho cierto que al olvidar (por la imposición del tiempo de la cultura dominante) nuestro propio tiempo y forma de vida, hemos terminado por considerar que para construir y sostener nuestra cultura requerimos de un “su apoyo” del poder para poder. Esto, se traduce en la mayoría de los casos, en la necesidad que impone el “Yo” del Estado capitalista y su expresión material esencial: el dinero. Es decir, no creemos poder construir nuestra economía sin dinero; no creemos poder hacer nuestra educación sin dinero; no creemos poder curar nuestra salud sin dinero; en fin, no creemos poder ser nosotros sin dinero. Es a esta relación de dependencia y sometimiento a lo que mi hermano llamaba: pretender comenzar desde uno. Pero es el caso que, por siglos nuestros pueblos han existido, resistido y sobrevivido hasta hoy no sólo sin dinero sino en radical oposición a él, al Estado y a todas sus instituciones económicas, sociales, políticas y culturales.
Dicho de otra manera, nuestros pueblos tienen una larga historia de vivir, compartir, construir y crear en y para sus comunidades sin necesidad o en contra del dinero y el Estado capitalista que lo impulsa. Es a esta historia de resistencia a lo que mi hermano llama comenzar desde cero. Así entonces, cuando aspiramos a comenzar desde uno asumimos la pobreza impuesta desde el Estado y demás detentadores del poder que, sustentan en la supuesta incapacidad de construir nuestro mundo sin la asistencia de poderosos como el Estado-gobierno y, por esa vía, justifican nuestro sometimiento al “Yo” de los otros. Por el contrario, cuando nos decidimos a comenzar desde cero es porque nos asumimos como nosotros, es decir, libres y autónomos para hacer, construir y crear todo lo que nuestro corazón puede alcanzar a desear e imaginar en beneficio de todos.
2.- Empezar desde el uno.
2.1.- El “Yo” del Estado: vaciamiento del “Nosotros comunitario”. Negación de la diversidad.
Los nacientes Estados-nación que a mediados del siglo XIX surgen en todo el continente americano, emanan bajo premisas que la sociedad criolla, por una parte, hereda del pensamiento colonizador asimilado y asumido como propio y, por el otro, a partir de los nuevos postulados liberales de la modernidad. Así, por vía de la estructura colonial, se da por hecho que los Estados a construir se levantan sobre espacios territoriales heredados y, por tanto, de su indiscutible propiedad sobre los mismos. Por su parte, las ideas del pensamiento liberal moderno suponen la conformación del Estado como la libre reunión de voluntades individuales mediante un contrato sustentado en el principio de soberanía, expresada en principio a partir del reconocimiento de derechos individuales de los ahora ciudadanos; pero también, en la necesaria soberanía territorial sobre el espacio en que el nuevo Estado-nación se erige.
Sin embargo, ambas raíces parecen resultar de una misma originaria negación de la existencia de la diversidad; es decir, de la previa construcción de una noción de vacío sobre la cual se levantó todo el discurso de justificación del conquistador para su apropiación y sometimiento de estas tierras y de sus habitantes originarios. De esta manera, desde las primeras impresiones de América recibidas en Europa a través de las Cartas de Relación de Cristóbal Colón, aquellos seres con quienes el Almirante se topó en estas tierras eran, a veces, “desnudos e inocentes” (el hombre natural), “buenos servidores” (el hombre económico), “de buen ingenio que apresto aprenden” (el hombre social) y “fáciles de convertir al cristianismo” (el hombre religioso). No obstante, pesando por sobre todas ellas se encuentra una percepción mucho más fundamental según la cual, estos seres que andan y viven “sin vestidos, sin armas, sin hierro, sin aparente religión, sin conocimiento del valor de las cosas, carecen de cultura” . A estas primeras impresiones, aparentemente cargadas de cierta “benevolencia”, se sumarían otras mucho más terribles y justificadoras del genocidio. Así, en 1512 el fraile Tomás Ortiz señala:
“Estas son las propiedades de los indios por donde no merecen libertades: (…) comen carne humana en la tierra firme; son sodométicos más que generación alguna; ninguna justicia hay entre ellos; andan desnudos; no tienen amor ni vergüenza; son estólidos alocados. No guardan verdad si no es en su provecho; son inconstantes; no saben qué sea consejo (…) Son bestiales y précianse de ser abominables en vicios (…) No son capaces de doctrina ni castigo (…) No tienen arte ni maña de hombres”.
De esta manera, los pobladores originarios, a ojos de los conquistadores, eran seres vacíos de humanidad, tanto en su condición de “buenos salvajes” como en su índole caribe; en consecuencia, ese estado de no-ser que les fue atribuido como intrínseca esencia de razas inferiores les hacía incapaces para fijar propiedad sobre esos espacios que milenariamente habían territorializado y al que los europeos, fortuitamente, habían arribado.
Es por esta vía de pensamiento, que en su momento Locke llega a decir en su Tratado de Gobierno: “Let him (the man) plant in some inland, vacant places of América” , con lo que pretende establecer el supuesto derecho del hombre (europeo) a ocupar y colonizar las pretendidas tierras vacías de América, ya que a su parecer, se trata de un territorio que podía considerarse como jurídicamente vacío al no encontrarse poblado por individuos que respondieran a los requerimientos de su propia concepción, es decir, a una forma de ocupación y explotación de la tierra que produzca, sobre todo, derechos y, antes que nada, derechos individuales.
Ahora bien, si a lo anterior le sumamos el hecho de una inimaginable diversidad cultural con la que se topan los europeos en el continente, que en gran cantidad de pueblos y lenguas, encuentran ocupando sus particulares espacios territoriales a lo largo y ancho de la geografía americana, no podían resultar sino en una abominable contradicción a la idea del conquistador, que se sostenía sobre la base de un mundo supuestamente homogéneo o, por lo menos, susceptible de llegar a serlo, bajo la orientación y dominio de una sola religión y un mismo orden económico-político que, se entendía divina y naturalmente establecido a su favor.
En este sentido, podemos decir que el proceso de vaciamiento de cultura, y por tanto de humanidad, ejecutado en su momento por conquistadores y colonizadores europeos sobre poblaciones y culturas amerindias, fue la correspondiente respuesta al hecho mismo de la diversidad cultural que confrontaba de manera directa su idea de la universal homogeneidad. Vale decir, ante la presencia de la diversidad, la dominación colonial sólo se auto-justificaba en la medida en que el otro era vaciado de su ser cultural; por esa vía, desaparecía a su interlocutor/interpelante, o mejor, al desaparecer al otro la homogeneidad, aunque ficticia, surge como reanimación de un espíritu en crisis, pues,
“el concepto cristiano de civilización mundial llevaba implícito el vaciamiento de un Continente. Por un lado significaba comprender programadamente al Nuevo Mundo como Continente vacío de historia, de comunidades reales y de vida; por otro, suponía la instauración en ese mundo vaciado del principio lógico y universal de una identidad trascendente y absoluta: el Yo vacío, el sujeto colonizador”
Así pues, esta idea del vacío y la práctica del vaciamiento de culturas, resultó en una especie de pesada herencia ideológica para el proceso de conformación de las nacientes repúblicas que desde su origen, han sostenido y reproducido esa misma noción con que se levantó el discurso del imperio en su justificación de la conquista, despojo, apropiación y colonización del territorio americano. Es de este modo, que a la hora de la construcción de los Estados nacionales, el discurso con el que éstos se erigieron falsamente como estructuras unificadoras y, por encima de todo, homogeneizadoras de un pretendido espíritu nacional.
Por lo que muy a pesar de que la idea del Estado único y homogéneo, resulta una expresión directa del pensamiento liberal moderno, asimismo, puede muy bien ser traducida, en nuestro caso latinoamericano, como la manifestación de una continuidad del pensamiento colonial dentro de la nueva estructura de dominación política. Esto, sin lugar a dudas evidencia lo que Pablo González Casanova ha definido como colonialismo interno, ya que nuestros Estados nacionales han mantenido en el discurso y en la práctica, el vaciamiento y negación de la diversidad cultural que, se manifiesta en la existencia de los pueblos indígenas originarios que tercamente insisten en sobrevivir de acuerdo al ejercicio de sus particulares cosmovisiones y en sus propios territorios. Esto, muy a pesar de que ahora se encuentren enmarcados y bajo el dominio político de las clases en el poder de los Estados nacionales como parte de lo que éstos consideran espacio territorial de su soberanía económica y política.
2.2.- El ideario liberal moderno en la conformación de los Estados-nación.
Por otro lado, es ya un lugar común escuchar en boca de líderes políticos, personeros estatales y de gobierno o asentados en los escritos constitucionales de todos nuestros Estados palabras como democracia, independencia y soberanía. Cuántas veces se repite la conseja de que en la democracia la soberanía reside en el pueblo o que sólo en democracia se construye la independencia y soberanía del pueblo. En fin, palabras como democracia, independencia y soberanía han cubierto los discursos de todos nuestros políticos desde que comenzaron sus guerras por el poder hasta el sol de hoy. Las mismas se hacen corresponder a las nociones de progreso, desarrollo y modernidad y todo ello, como parte de un proceso universal y naturalmente en curso por el que toda sociedad humana ha de desandar históricamente o mejor, si pretende entrar a la historia.
Como es de apreciar, esas palabras que hasta bonito suenan, forman parte de lo que se entiende como el ideario de la sociedad liberal moderna surgida en Europa con la Revolución Francesa. Este ideario liberal moderno cuestionaba a la sociedad monárquica en la que, se entendía, el Rey tenía un origen divino y por tanto, se convertía en el representante de Dios sobre la tierra. Así, la Revolución Francesa acabó con el mito del Rey-Dios e impuso lo que se llamó la sociedad por contrato, esto quiere decir, que todos los hombres adquieren por sí, derechos que les son individuales, de tal manera que la sociedad moderna es aquella que construyen seres individuales sumados mediante un contrato social pero que, en todo caso, el contrato debe reflejar el respeto y supremacía de los derechos individuales de cada uno de sus miembros por encima de cualquier derecho colectivo o comunitario, entendido éstos últimos como correspondientes a particularidades culturales no susceptibles de ser consideradas en la conformación del Estado moderno y, mucho menos, por encima de lo que se entiende como fundamento de la sociedad, esto es, la universalidad de los derechos individuales.
En este sentido y a partir de ese momento, “Es lo particular, (…), siempre acosado, enfrentado a formulaciones que se presentan con la fuerza de lo “universal” o como la encarnación de grandiosos proyectos unificadores del Estado-nación”.
Ahora bien, como en este tipo de sociedad creada sobre la base de los derechos de los individuos la desconfianza de cada quien sobre cada uno priva por encima de los intereses del colectivo entonces, se hace necesario el contrato que se supone debe abarcar o está por encima de los intereses de todos. No obstante, es una experiencia histórica que tal contrato siempre es redactado por aquellos pocos que, perteneciendo a algún sector de poder dentro de la sociedad, se disponen a dejar establecida la defensa y sostenimiento tanto de los intereses del grupo de poder al que representan, como su perpetuación en el poder que por esa vía construyen.
Por esta vía, lo particular corresponde a la presencia-existencia de una diversidad de comunidades culturales diferenciadas con identidad propia y formas peculiares de resolución de problemas de convivencia, así como concepciones propias acerca de la justicia, del bien y de la “vida buena” que,
“como norma, las corrientes liberales coinciden en dejar de lado (así éstas se autodenominen como socialistas); y lo hacen porque hay un consenso básico entre ellas acerca de que modos de vida fundados en visiones y concepciones del bien distintas, sobre todo cuando se enmarcan en la misma entidad política, constituyen algo indeseable, una situación que corresponde a una etapa humana imperfecta y que debe resolverse mediante un acuerdo sobre el orden más razonable, mismo que deberá ajustarse a los principios liberales”.
Ahora bien, el discurso de los Estados-nación liberal-modernos en América Latina y su práctica de vaciamiento y negación de la diversidad, puede ser fácilmente detectable, tanto en la estructura de funcionamiento de los Estados mismos, como en los textos Constitucionales con que han sido fundadas y re-fundadas tales estructuras. Así, en lo que toca a las Constituciones Nacionales sobre las que se ha levantado y legitimado el poder del Estado en Venezuela, una somera revisión de las mismas servirían para demostrar lo que consideramos una continuidad de la herencia de ésta idea original del pensamiento colonial fortificada por el ideario de la modernidad liberal.
En este sentido, es importante señalar que Venezuela como Estado-nación y, de acuerdo a la cantidad de textos Constitucionales por los que se ha regido, puede muy bien ser considerada como una República fundada y re-fundada en, por lo menos, unas veinticinco oportunidades si consideramos que a lo largo de nuestra convulsionada historia no menos de unos veinticinco textos Constitucionales han sido redactados y/o reformados de acuerdo a los deseos y aspiraciones de líderes que, circunstancialmente, han llegado a detentar el poder del Estado desde la separación de España, la Guerra de Independencia y el desprendimiento del proyecto de la Gran Colombia del Libertador Simón Bolívar.
Sin embargo, pudiéramos decir (y no exageraríamos), que en la totalidad de los textos constitucionales que se han sucedido a lo largo de nuestra historia republicana, se ha partido del principio de primacía de los derechos individuales como expresión de la ciudadanía dentro de la sociedad que de esta forma, se estima igualada en el discurso y dando por asentado la imposibilidad de cualquier derecho colectivo o comunitario. En este sentido, los pueblos indígenas estarían obligados a asumir estos mismos derechos individuales, para lo cual y antes que nada, deben renunciar a sus particulares cosmovisiones que por asentarse en principios nosótricos se consideran una negación del individuo y por lo mismo, suelen representar una especie de estadio de salvajismo incivilizado. De manera tal que, sólo integrándose a la cultura nacional (que en términos del lenguaje del poder del Estado no significa otra cosa que su desintegración como culturas diferentes), es como pueden ser sujetos de derecho y, por ende, acceder a la modernidad.
No es el propósito de este trabajo abarcar la historia constitucional de Venezuela, por lo que nos conformamos con hacer alusión a la última de Reforma Constitucional propuesta por el presidente Hugo Chávez que, según todos los analistas, ha de ser aprobada con toda seguridad en diciembre de 2007 y, en la que pudiéramos decir, se hace evidente con toda su contundencia la maximización del “Yo” del Estado, no sólo a través de la liquidación de cualquier indicio de derecho colectivo o comunitario, sino mediante la identificación suprema del “Yo” del Estado con el “Yo” del Presidente.
La propuesta de Reforma Constitucional actualmente en proceso de aprobación en Venezuela, está referida a 33 artículos de la Carta Magna apenas aprobada en 1999. Sin embargo, sólo haremos referencia a dos aspectos de la misma. En primer lugar, al hecho de que las atribuciones del Presidente se amplían de tal manera que, prácticamente, el Presidente se convierte en la única voz y expresión del poder real dentro de la sociedad. Ello por cuanto, el total de atribuciones y competencias del Presidente es elevada a casi la totalidad de los órdenes de la sociedad: economía; política interna; política exterior; estrategia, estructura y funcionamiento de la instancia militar; comercio interno; comercio exterior; espacio territorial (decisión sobre conformación y constitución de ciudades, pueblos, territorios federales, zonas estratégicas, etc.); educación; salud y pare usted de contar. Vale decir, la figura del Presidente se convierte por esta vía, en cabeza, lengua, pies y manos de todo el conjunto estatal y nacional, amén de que (elección de por medio), el Presidente sería prácticamente eterno en sus funciones.
En segundo lugar y, como parte de las atribuciones que luego de la Reforma asumiría el Presidente, cabe mencionar muy especialmente la referida a su soberana decisión de establecer los llamados Territorios Estratégicos de la Nación, los que se establecerían de acuerdo a: presencia en el subsuelo de los mismos de minerales, energéticos, fuentes de agua y biodiversidad de carácter estratégico para el Estado-nación. De tal modo que, una vez declarados tales espacios como de valor estratégico para el Estado, las poblaciones que sobre sus suelos habitan, han de estar conscientes de la posibilidad cierta de su futuro desplazamiento de los mismos una vez que el Estado-gobierno (léase Presidente de la República), considere llegado el momento de su explotación “para bien de la República toda”. Lo que además, se refrenda a través de la obligada aceptación por parte de estos pueblos, de que sólo el Estado ha de ser el dueño soberano de los conocimientos y sabidurías que las culturas han construido en su relación con tales espacios y territorios, los que al generar patentes de comercialización de tales conocimientos y saberes deben ser asumidos y administrados por el Estado en representación de la Nación.
Ahora bien y, como sabemos, tales recursos naturales (minerales, energéticos, agua, biodiversidad, entre otros) se localizan en Venezuela (así como en la mayoría de los países de América Latina), en el subsuelo de las tradicionales y ancestrales tierras ocupadas por los pueblos indígenas del país, queda claro entonces que la actual Reforma Constitucional no sólo reafirma la visión según la cual las cosmovisiones de estas culturas no forman parte del estatuto nacional, sino que además y de manera definitiva, se les cierra el paso ante cualquier aspiración o reclamación de derechos sobre esos territorios.
Finalmente, se les condena a resumir sus derechos a los llamados “intereses estratégicos del Estado” que, por demás, dependen de la decisión soberana del Presidente como máximo y único representante del poder del Estado-nación. De aquí a la monarquía por origen divino no hay más que un paso, muy a pesar de que de pura lengua se ofrezca al público de la galería y aún sea aplaudida por muchos, como la constitución de un Estado socialista. Tal es nuestra nacional tragedia, pero particularmente, la muy solitaria tragedia que han de enfrentar en los próximos años y en defensa definitiva de sus vidas y culturas, las comunidades y pueblos indígenas venezolanos.
3.- Empezar desde cero.
La nación vista desde el Nosotros comunitario como decisión de Nosotros.
Si contrastamos la forma en que han sido creados los Estados-nación ya mencionada, con la manera en que políticamente se erigen nuestras comunidades en las diferentes culturas indígenas venezolanas (y, pudiéramos atrevernos a decir, en todo el continente), es fácil percatarnos de su radical diferencia.
Así, por mencionar un solo ejemplo, las comunidades indígenas barí se conforman a través del establecimiento de una originaria alianza entre diferentes, esto quiere decir que, si una familia en particular se dispusiera a crear una nueva comunidad en la Sierra de Perijá, debe primero que nada, establecer alianzas con otras familias diferentes consanguíneamente, con las que a partir de ese momento construirán sus vidas en virtud de tal compromiso y en el que privará por encima del respeto a la libertad individual de cada uno de sus miembros, la necesidad de permanecer en comunidad. En este sentido, los intereses del colectivo siempre estarán por sobre los intereses individuales de sus miembros. Dicho de otra manera, para crear la comunidad se busca de manera definitiva, la unión de los diferentes y no de los miembros de un mismo grupo familiar, pues, sólo existe comunidad cuando se trata de la unión entre los diferentes aliados para vivir y morir juntos, igualados en el Nosotros comunitario.
En este punto, es bueno señalar que tal práctica no es exclusiva de los pueblos indígenas, ya que lo mismo puede muy bien ser apreciado históricamente en el justo momento en que pobladores pobres no indígenas, constituidos generalmente por desplazados del campo hacia las principales ciudades, al instante de organizarse para crear una comunidad de un barrio o colonia. Así, lo primero que hacen estos grupos es reunir las diferentes familias, estableciéndose en alianza para “invadir” el espacio o terreno en que la comunidad será localizada. Luego de invadido el lugar, por división equitativa y justa se hace la repartición del terreno en el que cada una de las familias participantes de la alianza pueden construir sus “ranchos” y, finalmente, se organiza toda la estructura de funcionamiento de la comunidad para su autodefensa, pues, estos creadores de comunidades, para el Estado liberal moderno, siempre son y serán “ilegales”.
Como es de apreciar, esto no es ni más ni menos lo que hacen los pueblos indígenas y, lo decimos, porque cuando se habla de la necesidad de construir la autonomía de nuestras comunidades, los enemigos del “Nosotros comunitario” siempre señalan que tal proceso sólo es posible en comunidades indígenas porque son poquitos o, porque esa es su cultura y otras sandeces como esas. Pero tales ideas son falsas, ya que de lo que se trata es de que aquellos que no participan del ideario liberal moderno sino que, por el contrario, se saben formando parte de los que no elaboran contratos sociales o constituciones, entienden que su construcción social siempre comienza desde cero y, por lo tanto, de su originaria alianza con aquellos otros diferentes emparejados en el Nosotros comunitario que por la alianza así es creado.
No obstante, la diferencia entre una comunidad indígena y una comunidad urbana de pobres sólo comienza a presentarse en el momento en que, a través de diversos mecanismos se hace presente la intervención del poder del Estado-gobierno y sus instituciones, las que por diferentes medios comienzan a operar dentro de la comunidad así creada. Por sólo mencionar un ejemplo, mientras los miembros de una comunidad indígena estudian dentro de la misma comunidad y, la mayoría de ellos lo hacen para quedarse dentro de ella, vemos por el contrario a los miembros de la comunidad urbana de pobres estudiando en virtud del ideario liberal moderno que, supone, los de abajo deben estudiar no para enriquecer y fortalecer a su comunidad sino “para salir de abajo” (o sea, salir de la comunidad donde han nacido o vivido) y por supuesto, eso significa que si llegaran a lograr sus propósitos, los mismos tendrían que desplazarse de su comunidad de origen para nunca jamás regresar. De tal manera pues, que la comunidad de abajo es convertida en espacio de condena social para todos aquellos que la habitan o que en ella han nacido.
A este desarraigo que la estructura de la sociedad liberal moderna busca a conciencia provocar, es a lo que ella misma denomina como: alcanzar la superación individual; la natural movilidad social o finalmente, como la libertad de buscar y ejercer aquello que mejora o favorece los intereses de cada individuo dentro de la sociedad. En otras palabras, la estructura general de la sociedad fundada sobre la base del ideario liberal moderno es la que a través de distintos aparatos como el sistema educativo, Partidos Políticos, Instituciones de Gobierno, etc., busca a toda costa liquidar el Nosotros comunitario y que para lograrlo, genera todo un proceso de individuación de la búsqueda. La vida de esta manera, se transforma y deja de ser una relación de alianza entre diferentes para convertirse en una especie de “sálvese quien pueda” en el que, por supuesto, la solidaridad, la hermandad y la unión entre diferentes igualados en el Nosotros comunitario de la alianza que le ha dado origen, desaparece.
En fin, lo que queremos decir es que la formación de una comunidad nosótrica, a diferencia de una sociedad guiada por el ideario liberal moderno se da porque aquella se conforma, existe y persiste sí y sólo sí, el Nosotros comunitario está presente; lo que no quiere decir que los individuos y sus deseos, necesidades y sueños desaparezcan o sean mutilados, sino que tales necesidades, deseos y sueños individuales siempre serán sopesados y medidos por el individuo mismo según el rasero del interés mayor que fija la necesidad de persistencia, permanencia y reproducción del Nosotros de la Comunidad. Esto es, que no todas las asociaciones hacen comunidad y, muy especialmente, aquellas que se hacen mediante contrato, pues ellas son el resultado de la desconfianza entre los miembros y no el resultado de la hermandad emparejada que ha de preescribir su origen.
Es a esta radical contradicción de visión en la conformación societaria de las sociedades nacionales a la que hemos estado denominando como una confrontación civilizatoria al interior de los Estados-nación latinoamericanos pues, ciertamente, en la definición de nuestros Estados nacionales ha privado el ideario liberal moderno (por más que sus impulsores lo califiquen de capitalista o socialista), obviando la diversidad de visiones de los Otros, ya por la supuesta condición de “vacío” de sus culturas, ya por representar concepciones particulares y no universales o, simplemente por constituir visiones muy otras pertenecientes a culturas que se consideran “evolutiva” y “naturalmente” como prehistóricas y premodernas.
Podríamos decir sin temor a equivocarnos que, tal confrontación civilizatoria está presente todo el continente pues, “Es cierto que lo particular (léase las culturas indígenas) pierde muchas batallas; pero no es raro que gane la guerra, reapareciendo en toda su vitalidad cuando ya nadie se acuerda de las propuestas abarcadoras de antaño o cuando ya han fracasado los grandes proyectos políticos en cuyo nombre era ferozmente combatido”.
Vale decir, en Venezuela todas nuestras cinco repúblicas (la V de Chávez incluida), no han representado sino Repúblicas, Naciones y Estados creados por el poder de criollos y mestizos guiados por lo que han considerado unos principios supuestamente universales que, por lo mismo, han sido vendidos a todo el colectivo nacional como inobjetables, pero que en verdad no son sino ideas propias al ideario liberal moderno europeo asimilados y asumidos como propios, para imponerlos a todos como si de todos fueran. Por medio de ellos, se muestran y se nos pretende convertir en seres únicamente disponibles y dispuestos a “salir de abajo”, es decir, a buscar y alcanzar a toda costa sueños individuales aún por encima de la nación y del Estado mismo. De aquí a la corrupción moral y política individual no hay más que medio paso (tal vez, muchísimo menos).
Ahora bien, la construcción de nuestras sociedades latinoamericanas tal como las hemos vivido en nuestra experiencia republicana han resultado ser (más allá de su auto-proclamación como sociedades soberanas y libres), sociedades opresoras, no libres, mucho menos soberanas por cuanto desde su nacimiento, sus creadores han partido de la imposición del ideario liberal moderno europeo occidental como una realización universal. Por esta vía, todos los proyectos republicanos no han sido sino el resultado de la mediatización que este ideario ha impuesto al mundo como el único camino por el que ha de transitar la humanidad. En palabras de mi hermano mayor: nuestras repúblicas (desde la de Bolívar hasta la “bolivariana” de Chávez), han pretendido partir de uno y no de cero.
He allí el origen de la mediatización y consecutivo fracaso de todas las experiencias republicanas hasta ahora conocidas, pues convencidos de que los principios rectores del liberalismo nos introducen en la modernidad y, por medio del cual, podemos superar nuestro aborrecido pasado indígena y esclavo cuyas visiones del mundo y culturas se muestran como incompatibles al progreso que, se supone, establece de por sí la sola proclamación del contrato social y los derechos individuales consagrados por la República moderna y progresista.
Se trata entonces de que, nunca el pensamiento y la palabra de los verdaderamente sometidos (indios y negros), jamás ha sido considerada para la construcción nosótrica de la República, de la sociedad, lo que no es un dato menor, sino por el contrario, se convierte en la raíz de todas las confrontaciones que aparecen como irresolubles para los Estados-nación latinoamericanos.
Dicho más claramente, en la medida en que se continúe desconociendo la presencia, existencia e importancia de las visiones del mundo que las culturas indígenas proveen, nuestras sociedades seguirán transitando el camino del conflicto pues, insisten en sostenerse en la supremacía del YO de los individuos, llámense éstos ciudadanos, burócratas del Estado, líderes sociales, Presidentes de la República o caudillos iluminados. Y esto es así, porque el Nosotros comunitario es minimizado hasta el extremo de su condenación como expresión de autonomía, de dignidad que insiste en sobrevivir, de rebeldía nosótrica que aún en medio de la más oprobiosa opresión persiste en su lucha por la vida.
4.- A manera de conclusión.
Dicho todo esto podemos concluir diciendo que, si en verdad queremos construir nuestros países de manera autónoma y soberana es claro que lo primero que debemos hacer es:
1) Tomar conciencia de que no existe un “YO” por encima del “NOSOTROS” de la comunidad, puesto que sólo el “NOSOTROS” construye y sostiene a la comunidad como tal;
2) Por lo mismo y como consecuencia, nuestras acciones deben estar dirigidas siempre a asegurar la existencia nosótrica de la comunidad, pues sólo el “NOSOTROS” expresa la alianza entre diferentes que somos como sociedad posible;
3) Lo anterior implica que todas nuestras inquietudes, búsquedas, sueños y hasta deseos individuales, han de considerar siempre la necesidad de crecimiento y fortalecimiento de la comunidad que así constituimos nosótricamente con los otros, nuestros emparejados aliados, ya que de lo contrario, el YO comienza a imponerse, desconociendo a la comunidad y sometiéndola a lo que, la mayoría de las veces, no son más que nuestros individuales y personales intereses y de esta manera, no sólo destruimos a la comunidad como lugar donde es posible la vida buena, sino que nos destruimos a nosotros mismos como pertenecientes a la alianza entre los hombres y el mundo.
Insistimos en que, tales acciones no constituyen una posibilidad que les sea exclusiva a las comunidades y culturas indígenas pues, estamos convencidos y sobrarían ejemplos para demostrarlo, que todos aquellos colectivos humanos que ciertamente y de corazón deciden juntarse para constituirse y construir una vida buena de vivirse, son capaces de hacerlo y lograrlo. Pero para ello se hace necesario que estas colectividades decidan en primer término, disponerse a comenzar de cero y no de uno, es decir, se hace obligatorio observar, entender y aprender de las comunidades indígenas, esclavas y campesinas de América, las que los constructores de las diferentes experiencias del Estado-nacional han pretendido que veamos como pasado concluido y muerto pero que insisten en presentarse, no solamente vivas, sino en plena lucha por su vida y la de todos, en la medida en que lo que defienden es no solamente su espacio territorial para vivir y sus cosmovisiones, sino los lugares de bosque y agua que aseguran nuestra existencia y por ende, la posibilidad de que entre todos podamos edificar una sociedad de aliados en función de la vida buena para todos, lo que es igual a decir de “NOSOTROS” y no del “YO” funcionario, del “YO” Presidente, del “YO” Partido Único de Gobierno; en fin, del “YO” del poder del Estado-gobierno por encima y a costa del “NOSOTROS” de la comunidad.
1.- Un breve relato como punto de partida.
Un día, mi hermano mayor o como se dice en añú: tapañakai, me dijo algo como esto: “Hermano, hoy nadie quiere empezar nada desde cero, todos quieren comenzar desde uno. Pero, todos se equivocan pues, comenzar en uno es como quiera que sea, un comienzo empezado. Comenzar desde cero en cambio, es el comienzo verdadero. ¡Ah, pero qué difícil!”.
Mi hermano es un sencillo veterinario que teme a los perros y, nada sabe de explicar esto que a nosotros ahora, nos interesa aclarar: la diferencia entre la autonomía del “Nosotros comunitario” y la dependencia del “Yo” del Estado-gobierno nacional. Sin embargo, es justo decir que mi hermano siempre supo qué hacer y cómo hacer lo que le correspondía como apañakai de nuestra casa. Quiero decir que, por lo general las cosas que hacemos son acciones que realizamos de acuerdo a lo que somos culturalmente. Así pues, tapañakai, es decir mi hermano mayor, actuó siempre exactamente como tal sin saber que su hacer, explicado a su manera, se correspondía con lo que por miles de años ha sido el hacer de la autonomía nosótrica añú en su común y cotidiana existencia. En fin, mi hermano mayor, es decir tapañakai, siempre actuó tal como la palabra añú dice debe actuar en su condición de ser la mano de la casa.
De esta manera y a partir de la sentencia de mi apañakai, intentaremos en primer lugar, describir las condiciones en que se produce la confrontación civilizatoria que anunciamos en el título del presente trabajo, no sólo desde la argumentación y el análisis estrictamente académico, sino que es de nuestro esencial interés convertir y cargar a nuestro hacer autónomo cotidiano de la potencialidad política de nuestra conciencia, palabra y acción autonómica, o dicho en otras palabras: convertir lo que siempre ha sido nuestro hacer en palabra y acción política para la transformación de nuestra realidad.
Pues, es un hecho cierto que al olvidar (por la imposición del tiempo de la cultura dominante) nuestro propio tiempo y forma de vida, hemos terminado por considerar que para construir y sostener nuestra cultura requerimos de un “su apoyo” del poder para poder. Esto, se traduce en la mayoría de los casos, en la necesidad que impone el “Yo” del Estado capitalista y su expresión material esencial: el dinero. Es decir, no creemos poder construir nuestra economía sin dinero; no creemos poder hacer nuestra educación sin dinero; no creemos poder curar nuestra salud sin dinero; en fin, no creemos poder ser nosotros sin dinero. Es a esta relación de dependencia y sometimiento a lo que mi hermano llamaba: pretender comenzar desde uno. Pero es el caso que, por siglos nuestros pueblos han existido, resistido y sobrevivido hasta hoy no sólo sin dinero sino en radical oposición a él, al Estado y a todas sus instituciones económicas, sociales, políticas y culturales.
Dicho de otra manera, nuestros pueblos tienen una larga historia de vivir, compartir, construir y crear en y para sus comunidades sin necesidad o en contra del dinero y el Estado capitalista que lo impulsa. Es a esta historia de resistencia a lo que mi hermano llama comenzar desde cero. Así entonces, cuando aspiramos a comenzar desde uno asumimos la pobreza impuesta desde el Estado y demás detentadores del poder que, sustentan en la supuesta incapacidad de construir nuestro mundo sin la asistencia de poderosos como el Estado-gobierno y, por esa vía, justifican nuestro sometimiento al “Yo” de los otros. Por el contrario, cuando nos decidimos a comenzar desde cero es porque nos asumimos como nosotros, es decir, libres y autónomos para hacer, construir y crear todo lo que nuestro corazón puede alcanzar a desear e imaginar en beneficio de todos.
2.- Empezar desde el uno.
2.1.- El “Yo” del Estado: vaciamiento del “Nosotros comunitario”. Negación de la diversidad.
Los nacientes Estados-nación que a mediados del siglo XIX surgen en todo el continente americano, emanan bajo premisas que la sociedad criolla, por una parte, hereda del pensamiento colonizador asimilado y asumido como propio y, por el otro, a partir de los nuevos postulados liberales de la modernidad. Así, por vía de la estructura colonial, se da por hecho que los Estados a construir se levantan sobre espacios territoriales heredados y, por tanto, de su indiscutible propiedad sobre los mismos. Por su parte, las ideas del pensamiento liberal moderno suponen la conformación del Estado como la libre reunión de voluntades individuales mediante un contrato sustentado en el principio de soberanía, expresada en principio a partir del reconocimiento de derechos individuales de los ahora ciudadanos; pero también, en la necesaria soberanía territorial sobre el espacio en que el nuevo Estado-nación se erige.
Sin embargo, ambas raíces parecen resultar de una misma originaria negación de la existencia de la diversidad; es decir, de la previa construcción de una noción de vacío sobre la cual se levantó todo el discurso de justificación del conquistador para su apropiación y sometimiento de estas tierras y de sus habitantes originarios. De esta manera, desde las primeras impresiones de América recibidas en Europa a través de las Cartas de Relación de Cristóbal Colón, aquellos seres con quienes el Almirante se topó en estas tierras eran, a veces, “desnudos e inocentes” (el hombre natural), “buenos servidores” (el hombre económico), “de buen ingenio que apresto aprenden” (el hombre social) y “fáciles de convertir al cristianismo” (el hombre religioso). No obstante, pesando por sobre todas ellas se encuentra una percepción mucho más fundamental según la cual, estos seres que andan y viven “sin vestidos, sin armas, sin hierro, sin aparente religión, sin conocimiento del valor de las cosas, carecen de cultura” . A estas primeras impresiones, aparentemente cargadas de cierta “benevolencia”, se sumarían otras mucho más terribles y justificadoras del genocidio. Así, en 1512 el fraile Tomás Ortiz señala:
“Estas son las propiedades de los indios por donde no merecen libertades: (…) comen carne humana en la tierra firme; son sodométicos más que generación alguna; ninguna justicia hay entre ellos; andan desnudos; no tienen amor ni vergüenza; son estólidos alocados. No guardan verdad si no es en su provecho; son inconstantes; no saben qué sea consejo (…) Son bestiales y précianse de ser abominables en vicios (…) No son capaces de doctrina ni castigo (…) No tienen arte ni maña de hombres”.
De esta manera, los pobladores originarios, a ojos de los conquistadores, eran seres vacíos de humanidad, tanto en su condición de “buenos salvajes” como en su índole caribe; en consecuencia, ese estado de no-ser que les fue atribuido como intrínseca esencia de razas inferiores les hacía incapaces para fijar propiedad sobre esos espacios que milenariamente habían territorializado y al que los europeos, fortuitamente, habían arribado.
Es por esta vía de pensamiento, que en su momento Locke llega a decir en su Tratado de Gobierno: “Let him (the man) plant in some inland, vacant places of América” , con lo que pretende establecer el supuesto derecho del hombre (europeo) a ocupar y colonizar las pretendidas tierras vacías de América, ya que a su parecer, se trata de un territorio que podía considerarse como jurídicamente vacío al no encontrarse poblado por individuos que respondieran a los requerimientos de su propia concepción, es decir, a una forma de ocupación y explotación de la tierra que produzca, sobre todo, derechos y, antes que nada, derechos individuales.
Ahora bien, si a lo anterior le sumamos el hecho de una inimaginable diversidad cultural con la que se topan los europeos en el continente, que en gran cantidad de pueblos y lenguas, encuentran ocupando sus particulares espacios territoriales a lo largo y ancho de la geografía americana, no podían resultar sino en una abominable contradicción a la idea del conquistador, que se sostenía sobre la base de un mundo supuestamente homogéneo o, por lo menos, susceptible de llegar a serlo, bajo la orientación y dominio de una sola religión y un mismo orden económico-político que, se entendía divina y naturalmente establecido a su favor.
En este sentido, podemos decir que el proceso de vaciamiento de cultura, y por tanto de humanidad, ejecutado en su momento por conquistadores y colonizadores europeos sobre poblaciones y culturas amerindias, fue la correspondiente respuesta al hecho mismo de la diversidad cultural que confrontaba de manera directa su idea de la universal homogeneidad. Vale decir, ante la presencia de la diversidad, la dominación colonial sólo se auto-justificaba en la medida en que el otro era vaciado de su ser cultural; por esa vía, desaparecía a su interlocutor/interpelante, o mejor, al desaparecer al otro la homogeneidad, aunque ficticia, surge como reanimación de un espíritu en crisis, pues,
“el concepto cristiano de civilización mundial llevaba implícito el vaciamiento de un Continente. Por un lado significaba comprender programadamente al Nuevo Mundo como Continente vacío de historia, de comunidades reales y de vida; por otro, suponía la instauración en ese mundo vaciado del principio lógico y universal de una identidad trascendente y absoluta: el Yo vacío, el sujeto colonizador”
Así pues, esta idea del vacío y la práctica del vaciamiento de culturas, resultó en una especie de pesada herencia ideológica para el proceso de conformación de las nacientes repúblicas que desde su origen, han sostenido y reproducido esa misma noción con que se levantó el discurso del imperio en su justificación de la conquista, despojo, apropiación y colonización del territorio americano. Es de este modo, que a la hora de la construcción de los Estados nacionales, el discurso con el que éstos se erigieron falsamente como estructuras unificadoras y, por encima de todo, homogeneizadoras de un pretendido espíritu nacional.
Por lo que muy a pesar de que la idea del Estado único y homogéneo, resulta una expresión directa del pensamiento liberal moderno, asimismo, puede muy bien ser traducida, en nuestro caso latinoamericano, como la manifestación de una continuidad del pensamiento colonial dentro de la nueva estructura de dominación política. Esto, sin lugar a dudas evidencia lo que Pablo González Casanova ha definido como colonialismo interno, ya que nuestros Estados nacionales han mantenido en el discurso y en la práctica, el vaciamiento y negación de la diversidad cultural que, se manifiesta en la existencia de los pueblos indígenas originarios que tercamente insisten en sobrevivir de acuerdo al ejercicio de sus particulares cosmovisiones y en sus propios territorios. Esto, muy a pesar de que ahora se encuentren enmarcados y bajo el dominio político de las clases en el poder de los Estados nacionales como parte de lo que éstos consideran espacio territorial de su soberanía económica y política.
2.2.- El ideario liberal moderno en la conformación de los Estados-nación.
Por otro lado, es ya un lugar común escuchar en boca de líderes políticos, personeros estatales y de gobierno o asentados en los escritos constitucionales de todos nuestros Estados palabras como democracia, independencia y soberanía. Cuántas veces se repite la conseja de que en la democracia la soberanía reside en el pueblo o que sólo en democracia se construye la independencia y soberanía del pueblo. En fin, palabras como democracia, independencia y soberanía han cubierto los discursos de todos nuestros políticos desde que comenzaron sus guerras por el poder hasta el sol de hoy. Las mismas se hacen corresponder a las nociones de progreso, desarrollo y modernidad y todo ello, como parte de un proceso universal y naturalmente en curso por el que toda sociedad humana ha de desandar históricamente o mejor, si pretende entrar a la historia.
Como es de apreciar, esas palabras que hasta bonito suenan, forman parte de lo que se entiende como el ideario de la sociedad liberal moderna surgida en Europa con la Revolución Francesa. Este ideario liberal moderno cuestionaba a la sociedad monárquica en la que, se entendía, el Rey tenía un origen divino y por tanto, se convertía en el representante de Dios sobre la tierra. Así, la Revolución Francesa acabó con el mito del Rey-Dios e impuso lo que se llamó la sociedad por contrato, esto quiere decir, que todos los hombres adquieren por sí, derechos que les son individuales, de tal manera que la sociedad moderna es aquella que construyen seres individuales sumados mediante un contrato social pero que, en todo caso, el contrato debe reflejar el respeto y supremacía de los derechos individuales de cada uno de sus miembros por encima de cualquier derecho colectivo o comunitario, entendido éstos últimos como correspondientes a particularidades culturales no susceptibles de ser consideradas en la conformación del Estado moderno y, mucho menos, por encima de lo que se entiende como fundamento de la sociedad, esto es, la universalidad de los derechos individuales.
En este sentido y a partir de ese momento, “Es lo particular, (…), siempre acosado, enfrentado a formulaciones que se presentan con la fuerza de lo “universal” o como la encarnación de grandiosos proyectos unificadores del Estado-nación”.
Ahora bien, como en este tipo de sociedad creada sobre la base de los derechos de los individuos la desconfianza de cada quien sobre cada uno priva por encima de los intereses del colectivo entonces, se hace necesario el contrato que se supone debe abarcar o está por encima de los intereses de todos. No obstante, es una experiencia histórica que tal contrato siempre es redactado por aquellos pocos que, perteneciendo a algún sector de poder dentro de la sociedad, se disponen a dejar establecida la defensa y sostenimiento tanto de los intereses del grupo de poder al que representan, como su perpetuación en el poder que por esa vía construyen.
Por esta vía, lo particular corresponde a la presencia-existencia de una diversidad de comunidades culturales diferenciadas con identidad propia y formas peculiares de resolución de problemas de convivencia, así como concepciones propias acerca de la justicia, del bien y de la “vida buena” que,
“como norma, las corrientes liberales coinciden en dejar de lado (así éstas se autodenominen como socialistas); y lo hacen porque hay un consenso básico entre ellas acerca de que modos de vida fundados en visiones y concepciones del bien distintas, sobre todo cuando se enmarcan en la misma entidad política, constituyen algo indeseable, una situación que corresponde a una etapa humana imperfecta y que debe resolverse mediante un acuerdo sobre el orden más razonable, mismo que deberá ajustarse a los principios liberales”.
Ahora bien, el discurso de los Estados-nación liberal-modernos en América Latina y su práctica de vaciamiento y negación de la diversidad, puede ser fácilmente detectable, tanto en la estructura de funcionamiento de los Estados mismos, como en los textos Constitucionales con que han sido fundadas y re-fundadas tales estructuras. Así, en lo que toca a las Constituciones Nacionales sobre las que se ha levantado y legitimado el poder del Estado en Venezuela, una somera revisión de las mismas servirían para demostrar lo que consideramos una continuidad de la herencia de ésta idea original del pensamiento colonial fortificada por el ideario de la modernidad liberal.
En este sentido, es importante señalar que Venezuela como Estado-nación y, de acuerdo a la cantidad de textos Constitucionales por los que se ha regido, puede muy bien ser considerada como una República fundada y re-fundada en, por lo menos, unas veinticinco oportunidades si consideramos que a lo largo de nuestra convulsionada historia no menos de unos veinticinco textos Constitucionales han sido redactados y/o reformados de acuerdo a los deseos y aspiraciones de líderes que, circunstancialmente, han llegado a detentar el poder del Estado desde la separación de España, la Guerra de Independencia y el desprendimiento del proyecto de la Gran Colombia del Libertador Simón Bolívar.
Sin embargo, pudiéramos decir (y no exageraríamos), que en la totalidad de los textos constitucionales que se han sucedido a lo largo de nuestra historia republicana, se ha partido del principio de primacía de los derechos individuales como expresión de la ciudadanía dentro de la sociedad que de esta forma, se estima igualada en el discurso y dando por asentado la imposibilidad de cualquier derecho colectivo o comunitario. En este sentido, los pueblos indígenas estarían obligados a asumir estos mismos derechos individuales, para lo cual y antes que nada, deben renunciar a sus particulares cosmovisiones que por asentarse en principios nosótricos se consideran una negación del individuo y por lo mismo, suelen representar una especie de estadio de salvajismo incivilizado. De manera tal que, sólo integrándose a la cultura nacional (que en términos del lenguaje del poder del Estado no significa otra cosa que su desintegración como culturas diferentes), es como pueden ser sujetos de derecho y, por ende, acceder a la modernidad.
No es el propósito de este trabajo abarcar la historia constitucional de Venezuela, por lo que nos conformamos con hacer alusión a la última de Reforma Constitucional propuesta por el presidente Hugo Chávez que, según todos los analistas, ha de ser aprobada con toda seguridad en diciembre de 2007 y, en la que pudiéramos decir, se hace evidente con toda su contundencia la maximización del “Yo” del Estado, no sólo a través de la liquidación de cualquier indicio de derecho colectivo o comunitario, sino mediante la identificación suprema del “Yo” del Estado con el “Yo” del Presidente.
La propuesta de Reforma Constitucional actualmente en proceso de aprobación en Venezuela, está referida a 33 artículos de la Carta Magna apenas aprobada en 1999. Sin embargo, sólo haremos referencia a dos aspectos de la misma. En primer lugar, al hecho de que las atribuciones del Presidente se amplían de tal manera que, prácticamente, el Presidente se convierte en la única voz y expresión del poder real dentro de la sociedad. Ello por cuanto, el total de atribuciones y competencias del Presidente es elevada a casi la totalidad de los órdenes de la sociedad: economía; política interna; política exterior; estrategia, estructura y funcionamiento de la instancia militar; comercio interno; comercio exterior; espacio territorial (decisión sobre conformación y constitución de ciudades, pueblos, territorios federales, zonas estratégicas, etc.); educación; salud y pare usted de contar. Vale decir, la figura del Presidente se convierte por esta vía, en cabeza, lengua, pies y manos de todo el conjunto estatal y nacional, amén de que (elección de por medio), el Presidente sería prácticamente eterno en sus funciones.
En segundo lugar y, como parte de las atribuciones que luego de la Reforma asumiría el Presidente, cabe mencionar muy especialmente la referida a su soberana decisión de establecer los llamados Territorios Estratégicos de la Nación, los que se establecerían de acuerdo a: presencia en el subsuelo de los mismos de minerales, energéticos, fuentes de agua y biodiversidad de carácter estratégico para el Estado-nación. De tal modo que, una vez declarados tales espacios como de valor estratégico para el Estado, las poblaciones que sobre sus suelos habitan, han de estar conscientes de la posibilidad cierta de su futuro desplazamiento de los mismos una vez que el Estado-gobierno (léase Presidente de la República), considere llegado el momento de su explotación “para bien de la República toda”. Lo que además, se refrenda a través de la obligada aceptación por parte de estos pueblos, de que sólo el Estado ha de ser el dueño soberano de los conocimientos y sabidurías que las culturas han construido en su relación con tales espacios y territorios, los que al generar patentes de comercialización de tales conocimientos y saberes deben ser asumidos y administrados por el Estado en representación de la Nación.
Ahora bien y, como sabemos, tales recursos naturales (minerales, energéticos, agua, biodiversidad, entre otros) se localizan en Venezuela (así como en la mayoría de los países de América Latina), en el subsuelo de las tradicionales y ancestrales tierras ocupadas por los pueblos indígenas del país, queda claro entonces que la actual Reforma Constitucional no sólo reafirma la visión según la cual las cosmovisiones de estas culturas no forman parte del estatuto nacional, sino que además y de manera definitiva, se les cierra el paso ante cualquier aspiración o reclamación de derechos sobre esos territorios.
Finalmente, se les condena a resumir sus derechos a los llamados “intereses estratégicos del Estado” que, por demás, dependen de la decisión soberana del Presidente como máximo y único representante del poder del Estado-nación. De aquí a la monarquía por origen divino no hay más que un paso, muy a pesar de que de pura lengua se ofrezca al público de la galería y aún sea aplaudida por muchos, como la constitución de un Estado socialista. Tal es nuestra nacional tragedia, pero particularmente, la muy solitaria tragedia que han de enfrentar en los próximos años y en defensa definitiva de sus vidas y culturas, las comunidades y pueblos indígenas venezolanos.
3.- Empezar desde cero.
La nación vista desde el Nosotros comunitario como decisión de Nosotros.
Si contrastamos la forma en que han sido creados los Estados-nación ya mencionada, con la manera en que políticamente se erigen nuestras comunidades en las diferentes culturas indígenas venezolanas (y, pudiéramos atrevernos a decir, en todo el continente), es fácil percatarnos de su radical diferencia.
Así, por mencionar un solo ejemplo, las comunidades indígenas barí se conforman a través del establecimiento de una originaria alianza entre diferentes, esto quiere decir que, si una familia en particular se dispusiera a crear una nueva comunidad en la Sierra de Perijá, debe primero que nada, establecer alianzas con otras familias diferentes consanguíneamente, con las que a partir de ese momento construirán sus vidas en virtud de tal compromiso y en el que privará por encima del respeto a la libertad individual de cada uno de sus miembros, la necesidad de permanecer en comunidad. En este sentido, los intereses del colectivo siempre estarán por sobre los intereses individuales de sus miembros. Dicho de otra manera, para crear la comunidad se busca de manera definitiva, la unión de los diferentes y no de los miembros de un mismo grupo familiar, pues, sólo existe comunidad cuando se trata de la unión entre los diferentes aliados para vivir y morir juntos, igualados en el Nosotros comunitario.
En este punto, es bueno señalar que tal práctica no es exclusiva de los pueblos indígenas, ya que lo mismo puede muy bien ser apreciado históricamente en el justo momento en que pobladores pobres no indígenas, constituidos generalmente por desplazados del campo hacia las principales ciudades, al instante de organizarse para crear una comunidad de un barrio o colonia. Así, lo primero que hacen estos grupos es reunir las diferentes familias, estableciéndose en alianza para “invadir” el espacio o terreno en que la comunidad será localizada. Luego de invadido el lugar, por división equitativa y justa se hace la repartición del terreno en el que cada una de las familias participantes de la alianza pueden construir sus “ranchos” y, finalmente, se organiza toda la estructura de funcionamiento de la comunidad para su autodefensa, pues, estos creadores de comunidades, para el Estado liberal moderno, siempre son y serán “ilegales”.
Como es de apreciar, esto no es ni más ni menos lo que hacen los pueblos indígenas y, lo decimos, porque cuando se habla de la necesidad de construir la autonomía de nuestras comunidades, los enemigos del “Nosotros comunitario” siempre señalan que tal proceso sólo es posible en comunidades indígenas porque son poquitos o, porque esa es su cultura y otras sandeces como esas. Pero tales ideas son falsas, ya que de lo que se trata es de que aquellos que no participan del ideario liberal moderno sino que, por el contrario, se saben formando parte de los que no elaboran contratos sociales o constituciones, entienden que su construcción social siempre comienza desde cero y, por lo tanto, de su originaria alianza con aquellos otros diferentes emparejados en el Nosotros comunitario que por la alianza así es creado.
No obstante, la diferencia entre una comunidad indígena y una comunidad urbana de pobres sólo comienza a presentarse en el momento en que, a través de diversos mecanismos se hace presente la intervención del poder del Estado-gobierno y sus instituciones, las que por diferentes medios comienzan a operar dentro de la comunidad así creada. Por sólo mencionar un ejemplo, mientras los miembros de una comunidad indígena estudian dentro de la misma comunidad y, la mayoría de ellos lo hacen para quedarse dentro de ella, vemos por el contrario a los miembros de la comunidad urbana de pobres estudiando en virtud del ideario liberal moderno que, supone, los de abajo deben estudiar no para enriquecer y fortalecer a su comunidad sino “para salir de abajo” (o sea, salir de la comunidad donde han nacido o vivido) y por supuesto, eso significa que si llegaran a lograr sus propósitos, los mismos tendrían que desplazarse de su comunidad de origen para nunca jamás regresar. De tal manera pues, que la comunidad de abajo es convertida en espacio de condena social para todos aquellos que la habitan o que en ella han nacido.
A este desarraigo que la estructura de la sociedad liberal moderna busca a conciencia provocar, es a lo que ella misma denomina como: alcanzar la superación individual; la natural movilidad social o finalmente, como la libertad de buscar y ejercer aquello que mejora o favorece los intereses de cada individuo dentro de la sociedad. En otras palabras, la estructura general de la sociedad fundada sobre la base del ideario liberal moderno es la que a través de distintos aparatos como el sistema educativo, Partidos Políticos, Instituciones de Gobierno, etc., busca a toda costa liquidar el Nosotros comunitario y que para lograrlo, genera todo un proceso de individuación de la búsqueda. La vida de esta manera, se transforma y deja de ser una relación de alianza entre diferentes para convertirse en una especie de “sálvese quien pueda” en el que, por supuesto, la solidaridad, la hermandad y la unión entre diferentes igualados en el Nosotros comunitario de la alianza que le ha dado origen, desaparece.
En fin, lo que queremos decir es que la formación de una comunidad nosótrica, a diferencia de una sociedad guiada por el ideario liberal moderno se da porque aquella se conforma, existe y persiste sí y sólo sí, el Nosotros comunitario está presente; lo que no quiere decir que los individuos y sus deseos, necesidades y sueños desaparezcan o sean mutilados, sino que tales necesidades, deseos y sueños individuales siempre serán sopesados y medidos por el individuo mismo según el rasero del interés mayor que fija la necesidad de persistencia, permanencia y reproducción del Nosotros de la Comunidad. Esto es, que no todas las asociaciones hacen comunidad y, muy especialmente, aquellas que se hacen mediante contrato, pues ellas son el resultado de la desconfianza entre los miembros y no el resultado de la hermandad emparejada que ha de preescribir su origen.
Es a esta radical contradicción de visión en la conformación societaria de las sociedades nacionales a la que hemos estado denominando como una confrontación civilizatoria al interior de los Estados-nación latinoamericanos pues, ciertamente, en la definición de nuestros Estados nacionales ha privado el ideario liberal moderno (por más que sus impulsores lo califiquen de capitalista o socialista), obviando la diversidad de visiones de los Otros, ya por la supuesta condición de “vacío” de sus culturas, ya por representar concepciones particulares y no universales o, simplemente por constituir visiones muy otras pertenecientes a culturas que se consideran “evolutiva” y “naturalmente” como prehistóricas y premodernas.
Podríamos decir sin temor a equivocarnos que, tal confrontación civilizatoria está presente todo el continente pues, “Es cierto que lo particular (léase las culturas indígenas) pierde muchas batallas; pero no es raro que gane la guerra, reapareciendo en toda su vitalidad cuando ya nadie se acuerda de las propuestas abarcadoras de antaño o cuando ya han fracasado los grandes proyectos políticos en cuyo nombre era ferozmente combatido”.
Vale decir, en Venezuela todas nuestras cinco repúblicas (la V de Chávez incluida), no han representado sino Repúblicas, Naciones y Estados creados por el poder de criollos y mestizos guiados por lo que han considerado unos principios supuestamente universales que, por lo mismo, han sido vendidos a todo el colectivo nacional como inobjetables, pero que en verdad no son sino ideas propias al ideario liberal moderno europeo asimilados y asumidos como propios, para imponerlos a todos como si de todos fueran. Por medio de ellos, se muestran y se nos pretende convertir en seres únicamente disponibles y dispuestos a “salir de abajo”, es decir, a buscar y alcanzar a toda costa sueños individuales aún por encima de la nación y del Estado mismo. De aquí a la corrupción moral y política individual no hay más que medio paso (tal vez, muchísimo menos).
Ahora bien, la construcción de nuestras sociedades latinoamericanas tal como las hemos vivido en nuestra experiencia republicana han resultado ser (más allá de su auto-proclamación como sociedades soberanas y libres), sociedades opresoras, no libres, mucho menos soberanas por cuanto desde su nacimiento, sus creadores han partido de la imposición del ideario liberal moderno europeo occidental como una realización universal. Por esta vía, todos los proyectos republicanos no han sido sino el resultado de la mediatización que este ideario ha impuesto al mundo como el único camino por el que ha de transitar la humanidad. En palabras de mi hermano mayor: nuestras repúblicas (desde la de Bolívar hasta la “bolivariana” de Chávez), han pretendido partir de uno y no de cero.
He allí el origen de la mediatización y consecutivo fracaso de todas las experiencias republicanas hasta ahora conocidas, pues convencidos de que los principios rectores del liberalismo nos introducen en la modernidad y, por medio del cual, podemos superar nuestro aborrecido pasado indígena y esclavo cuyas visiones del mundo y culturas se muestran como incompatibles al progreso que, se supone, establece de por sí la sola proclamación del contrato social y los derechos individuales consagrados por la República moderna y progresista.
Se trata entonces de que, nunca el pensamiento y la palabra de los verdaderamente sometidos (indios y negros), jamás ha sido considerada para la construcción nosótrica de la República, de la sociedad, lo que no es un dato menor, sino por el contrario, se convierte en la raíz de todas las confrontaciones que aparecen como irresolubles para los Estados-nación latinoamericanos.
Dicho más claramente, en la medida en que se continúe desconociendo la presencia, existencia e importancia de las visiones del mundo que las culturas indígenas proveen, nuestras sociedades seguirán transitando el camino del conflicto pues, insisten en sostenerse en la supremacía del YO de los individuos, llámense éstos ciudadanos, burócratas del Estado, líderes sociales, Presidentes de la República o caudillos iluminados. Y esto es así, porque el Nosotros comunitario es minimizado hasta el extremo de su condenación como expresión de autonomía, de dignidad que insiste en sobrevivir, de rebeldía nosótrica que aún en medio de la más oprobiosa opresión persiste en su lucha por la vida.
4.- A manera de conclusión.
Dicho todo esto podemos concluir diciendo que, si en verdad queremos construir nuestros países de manera autónoma y soberana es claro que lo primero que debemos hacer es:
1) Tomar conciencia de que no existe un “YO” por encima del “NOSOTROS” de la comunidad, puesto que sólo el “NOSOTROS” construye y sostiene a la comunidad como tal;
2) Por lo mismo y como consecuencia, nuestras acciones deben estar dirigidas siempre a asegurar la existencia nosótrica de la comunidad, pues sólo el “NOSOTROS” expresa la alianza entre diferentes que somos como sociedad posible;
3) Lo anterior implica que todas nuestras inquietudes, búsquedas, sueños y hasta deseos individuales, han de considerar siempre la necesidad de crecimiento y fortalecimiento de la comunidad que así constituimos nosótricamente con los otros, nuestros emparejados aliados, ya que de lo contrario, el YO comienza a imponerse, desconociendo a la comunidad y sometiéndola a lo que, la mayoría de las veces, no son más que nuestros individuales y personales intereses y de esta manera, no sólo destruimos a la comunidad como lugar donde es posible la vida buena, sino que nos destruimos a nosotros mismos como pertenecientes a la alianza entre los hombres y el mundo.
Insistimos en que, tales acciones no constituyen una posibilidad que les sea exclusiva a las comunidades y culturas indígenas pues, estamos convencidos y sobrarían ejemplos para demostrarlo, que todos aquellos colectivos humanos que ciertamente y de corazón deciden juntarse para constituirse y construir una vida buena de vivirse, son capaces de hacerlo y lograrlo. Pero para ello se hace necesario que estas colectividades decidan en primer término, disponerse a comenzar de cero y no de uno, es decir, se hace obligatorio observar, entender y aprender de las comunidades indígenas, esclavas y campesinas de América, las que los constructores de las diferentes experiencias del Estado-nacional han pretendido que veamos como pasado concluido y muerto pero que insisten en presentarse, no solamente vivas, sino en plena lucha por su vida y la de todos, en la medida en que lo que defienden es no solamente su espacio territorial para vivir y sus cosmovisiones, sino los lugares de bosque y agua que aseguran nuestra existencia y por ende, la posibilidad de que entre todos podamos edificar una sociedad de aliados en función de la vida buena para todos, lo que es igual a decir de “NOSOTROS” y no del “YO” funcionario, del “YO” Presidente, del “YO” Partido Único de Gobierno; en fin, del “YO” del poder del Estado-gobierno por encima y a costa del “NOSOTROS” de la comunidad.
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